El
internet, desde su creación y crecimiento exponencial, ha dado espacios
globales y democráticos de opinión. Estos espacios se amparan actualmente en el
fenómeno de las redes sociales. Comentaristas, guías, líderes, pelotudos y
serios teóricos confluyen en una red que nos entrega de todo. Sin embargo,
pensando en ciertos temas latentes, me pregunto en torno a los diversos
pontificados online.
Si algo
tienen en común, es el juzgar y criticar al otro sin mayores razones, o se
esconde aquello con superficiales referencias a teorías que en muchos casos no
han sido debidamente leídas e interpretadas. Esa pseudo-teorización puede convencer
al incauto con respecto a la intelectualidad o agudez del autor de cierta
columna. No obstante, existen algunos elementos a la vista que revelan
intenciones personales y finalmente poco interesantes para el resto (la
audiencia).
Como bien
dice una amiga cercana: “los periodistas tienen un mar de conocimiento de dos
centímetros de profundidad”, entonces ahí tienen sus citas intelectualoides, o
referencias a enciclopedias o libros de autoayuda—es cosa de ver el tipo de
trabajo publicado en medios “respetables”, no cabe siquiera nombrarlos, usted
los conoce.
Gracias a
esta red, miles de “opinólogos” pontifican con respecto a diversos temas. Es
escandaloso, por ejemplo, cómo se especula sobre la vida del co-piloto que
estrelló el avión en los Alpes franceses: que era depresivo, se estaba quedando
ciego, con la novia embarazada y una ex que dijo que él quería hacer algo para
que todo el mundo lo conociese. El juicio a ese sujeto ha sido feroz. Si bien
está casi confirmado que estrelló el avión deliberadamente, el show mediático
que se ha armado alrededor de su vida no ayuda a nadie, ni siquiera a nosotros,
el público expectante.
En otros
casos, en pasquines o publicaciones electrónicas de tipo independiente, quienes
escriben en ellas vomitan sus propios prejuicios y los disfrazan de crítica
cultural. Finalmente, el sabor es agrio, pues si en algunos casos se puede
hablar de una pluma inteligible, en el fondo, la escritura es un ejercicio de
hedonismo brutal. La opinión personal, poco interesante y medianamente
informada de quien escribe llena la página de arañazos, gritos, berrinches y
llantos. Queda, entonces, en nosotros, diferenciar de manera cabal cuáles son
nuestros pontífices, a quién leemos en serio, a quién respetamos.
Escribo
todo esto a raíz de lo del vuelo de Germanwings y otros textos que me he
encontrado hace poco. Pues, si bien es posible encontrar textos malos y muy
malos, también existen otros buenos, que exponen una situación particular,
incluyendo la visión de quien escribe, pero de manera respetuosa, “profesional”
si es que se puede decir. Argumentando, estos autores—no “opinólogos”—informadamente,
aplicando teorías con prolijidad y demostrándolas a través de la totalidad de
sus columnas. Por lo general quienes escriben estos textos son especialistas en
cierto tema, por lo que saben bien lo que están diciendo.
El que exista
una página de noticias humorísticas como La Legal, por ejemplo, nos dice casi a
gritos, que la profesión periodística está en crisis. Si hay que estudiar
varios años para luego escribir columnas banales, prejuiciosas o mal
informadas, es claro que falta preparación en distintas áreas. En efecto, deben
existir importantes teóricos y lineamientos disciplinares en el periodismo, pero
lo que queda claro al nivel de lo que ocurre hoy, es que no es necesario
estudiar una carrera de manera formal para pontificar desde un púlpito virtual.
El asunto
no deja de ser preocupante en un momento histórico en el cual los sujetos se
nutren de fuentes provenientes del ciberespacio. La libertad de expresión
online, que se agradece, también genera vicios, y es en la retórica neoliberal
donde se encuentra la respuesta al dilema de un texto mal escrito, prejuicioso,
o que especula de manera tendenciosa: “no lo leas, busca otro”. La lógica del “elegir”
a quién sigo o no llegó para quedarse. Sin embargo, con la forma en que se
cubren ciertos hechos o la generalizada manía de esconder opiniones negativas
en pseudo intelectualizaciones, queda poco donde escoger. Nos estamos
informando y generando una opinión con respecto a diversos temas, a través de
discursos virtuales prejuiciosos y poco respetuosos de su asunto y sus posibles
lectores o telespectadores. Esto nos da una responsabilidad como lectores:
tomar en serio nuestros propios criterios y seleccionar, dentro de esta maraña
pseudo informativa, aquello que se supone nos aporta en información o debate.
Para el resto creo que la vida no nos da tiempo. Finalmente realizaremos
nuestros propios ejercicios de canonización, la de los pontífices estos.
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