Quisiera escribir sobre cosas locales, es decir, cercanas. Cosas locales de la vida circundante. Si bien hay tanto que escribir, decir, hablar, conversar sobre temáticas grandilocuentes como Brexit, las AFP y las muertes que nos acechan a diario, voy a hablar de mis localidades.
Mi localidad número uno es aquella correspondiente a los cambios. Cambios que en algún momento nunca me imaginé. Escribo esto pensando en mi pasado, en lo que disfruté y lo que no hasta que encontré a la persona con quien compartiré mi vida. No siento rencores. Los rencores que podría haber sentido antaño el día de hoy se han convertido en lástima. Eso. Siento lástima al pensar en ciertas personas. Esta localidad primera, de cambios radicales, incluye un sentimiento nuevo, el de tener tu propia familia además de tus papás y hermanos, un proyecto propio, autónomo que el día de hoy se compone de Gordon y Holly, nuestra hermosa perrita Jack Russell. Mi familia, en la cual crecí--papá, mamá, hermana--quiere mucho a mi nueva familia y eso me llena de gran felicidad y orgullo. Me falta, empero, conocer a Toribio, el perrito de mi hermana, pero a través de sus fotos ya le amo enormemente.
Mi localidad número dos es referente a mis amigos. Mis amigos en Edimburgo. Con sus singularidades, sentidos del humor, compañerismo, voces, risas y todo, me alegran el existir. La comunidad que tenemos, con los amigos de la U, los chilenos y otros--pensando en distintos grupos de amigos que tengo acá--me permiten sobrellevar la carga de no tener a mis amigos históricos, con quienes me comunico bastante poco. Pero quien me conoce sabe que en el momento de tener una conversa, pareciera que nos vimos ayer.
Mi localidad número tres es el vivir. Vivo contenta. Si bien, como en todo, hay cosas con las que no estoy de acuerdo, el balance es positivo. Por las localidades anteriores, por el no rencor, por mis amigos, la familia, por los cambios. Siento bastante plenitud y espero con ansias el futuro a corto plazo.
Mi localidad número cuatro es el estudio. He avanzado a pasos agigantados en el arte de analizar literatura. Desde la poesía se puede llegar a cualquier cosa. Me siento como otra persona en ese sentido, como esa gente que uno lee en los papers. Ahora yo los escribo. No sé si me lee o leerá alguien. Siento que he avanzado bien y este tercer año parte con una base sólida y con mayor confianza en el trabajo propio, en su originalidad y la necesidad que exista. Esto es relevante, pues estos puntos fueron los más difíciles al momento de llenar un cierto formulario por financiamiento. Creo que en este momento, tan a posteriori, lo tengo claro. Igual vale. Esta localidad incluye el honor de escribir prólogos para libros de poetas tan connotados como Carmen Berenguer, Elvira Hernández y Gonzalo Millán (hasta ahora) junto con trabajar con mujeres tan maravillosas que le hacen honor al colectivo que conformamos, La Joyita Cartonera. Me siento feliz de formar parte de esta conjunción de mujeres.
Mi localidad número cinco son las preocupaciones mundanas del hoy. Las enumeraré: doctorado, matrimonio, organizaciones, escritura de dos prólogos para diciembre, compra de casa, adoptar otro perro, ver qué amigos de Chile vienen al evento, ver quien no viene, ver dónde se hará la cosa, si es con banda o DJ, si las flores son tales o cuales, el color del vestido de mis damas de compañía, que cómo será la despedida de soltera, que empiezan las clases en un mes y aún no sé qué enseñaré (típico en todo el mundo), el viaje a Chile en diciembre, la luna de miel en el Caribe, pasar tiempo con mi familia, y un largo etcétera. Es bastante abrumador, pero interesante, entretenido, agotador, me pongo neura, pero contenta.
Eso es todo lo que puedo decir por ahora. Cierre de transmisiones. Chao pescao.