Thursday, 14 May 2015

Los cabros de Chile

Estoy absolutamente impactada con la muerte de los dos jóvenes en Valparaíso. Este impacto es variado, pues quiero referirme al impacto como alguien que marchó en las movilizaciones de 2011, como estudiante y como profesora.

1. Las movilizaciones.
Participé en las movilizaciones del 2011 luego de reflexionar seriamente sobre el estado de la educación en Chile. Cómo es que funciona el sistema universitario, conociéndolo como alumna y docente. Entendiendo cómo lucran con los dineros de familias de esfuerzo, teniendo en cuenta que la educación no debiese ser jamás un bien de consumo, sino un derecho para todos sin importar la renta. En esas movilizaciones fui perseguida por Carabineros en un zorrillo. Ya me iba a la casa y estábamos a cuatro cuadras de la alameda. El zorrillo nos siguió y nos tiró una lacrimógena a pito de nada. No pude abrir los ojos en largo rato. Nunca hice nada que no fuese marchar, y ya fuera del punto neurálgico del evento, no tenía sentido ese nivel de violencia gratuita. Luego de la lacrimógena los pacos se fueron. Y yo ahí intentando abrir los ojos que se me quedaron pegados y ver si muchas cuadras más allá encontraba locomoción. Desde ese momento, pues lo viví, es que no confío en el actuar de la policía, y puedo dar fe que vi que ellos permitían destrozos y los grababan para después dárselos a los canales de televisión y seguir estigmatizando las marchas. LO VI, NO ME LO CONTARON. Bueno, si uno recuerda quienes manejan los medios en Chile, queda claro ese actuar y quién compra ese actuar.

El video que muestra a uno de los jóvenes baleados muestra a muchos policías al rededor, mirando hacia otro lado, y uno grabando. NINGUNO tenía interés alguno en saber del joven, quienes estaban junto a él, inmovilizándolo, como dictan las regulaciones de primeros auxilios, eran otros estudiantes.

2. Como estudiante y profesora.
Como estudiante pienso que la muerte de estos niños estuvo demás. La reacción exacerbada del asesino responde a un estado mental enajenado. Pude tener acceso a su cuenta de Facebook antes que la borrasen y era un pobre tipo, narco al peo, que le gustaba Rápido y Furioso y que tenía variadas fotos donde aparecían armas. Mucha gente lo encaró y le escribía mensajes tras asesinar a los jóvenes.
En relación a la propiedad privada. Ese es un concepto traído desde Europa en la colonización. De acuerdo a mis conocimientos, y si me equivoco corrijame alguien que lo sepa, las culturas nativas americanas no tenían ese concepto y fue por eso que en muchos casos fue fácil para los conquistadores quedarse con tierras ajenas, pues no eran de nadie, eran de todos y de nadie. La calle es de todos. Si bien se pueden condenar los desmanes y si me rayasen una pared no estaría contenta, me pregunto: ¿qué iba a decir ese rayado? Primero, no diría PICO, como millones de rayados en todo Chile, sino algo reivindicativo como: Educación de Calidad AHORA. El 2011 tenía yo carteles pegados en mi ventana. La reacción del asesino no tiene relación alguna con la "invasión a la propiedad privada" pues esta da a la calle. Si un perro vago caga frente a nuestra puerta no lo matamos.  Lo que ocurrió ahora no es siquiera sintomático, sino la manifestación de algo muchísimo más macabro.
Como profesora tengo mucha pena. Uno forja relaciones con sus estudiantes. Uno los ve semana a semana. Uno sabe cuáles son los que luchan y los que tienen convicciones políticas, y sino, los que creen en la idea de movilizarse. No puedo más que solidarizar con esos cabros, si yo misma salía el 2011. Me da pena que sus padres no los verán más, ni sus compañeros ni profesores. La vuelta a clases será silenciosa. Estos alumnos eran de la Universidad Santo Tomás, que desde el 2011 se venían instalando como importantes actores en las movilizaciones, tomando en cuenta que las universidades privadas poco a poco se fueron sumando al movimiento.

3. Comentarios.
El asesino tiene 20 años, él podría haber estado marchando también. A falta de una conciencia de clase y una mala educación, que es lo que reivindicaban las movilizaciones de hoy, es que tipos como él llegaron a ser así. ¿Cómo no entender que es precisamente la educación la clave de cualquier sociedad?, ¿cómo seguir permitiendo lucros millonarios, estrujando a los académicos a honorarios que trabajan obligadamente con dios y el diablo, y pensar que se están haciendo las cosas bien?

La muerte de esos jóvenes es una pérdida para todo Chile. Ellos no debieron haber muerto. Quizás si hubiesen hecho el rayado en otro lado, o si el dueño del lugar simplemente enrabiado hubiese dicho: ya, voy a tener que comprar pintura. ¿Cuántos rayados hay que no tienen ningún contenido y allí quedan por años en inmuebles habitados?, ¿es tan malo que reivindique la educación de calidad que no tuvo el asesino, y que se lucha por los niños de mañana?

Yo tengo una gran pena esta noche. Esos jóvenes debieron haber vuelto a casa, concluyendo que la convocatoria fue buena y con esperanzas del movimiento una vez más. Condolencias a sus familias, amigos, profesores. Condolencias al país y un regaño pues hay que parar a esos enajenados, porque de seguro no es el único. Tengo pena por los cabros de Chile.

Sunday, 10 May 2015

El cazador danés

Era un tipo de unos cuarenta y tantos,  más cerca de los cincuenta. Tenía buen lejos. Corpulento, de barba, se movía como que era el dueño del lugar. Oteaba alrededor. Andaba de caza. Caminaba hacia el bar y aprovechaba de mirar a diestra y siniestra. A ver si alguien caía en su trampa. En ese momento se encontró conmigo.

Como tenía buen lejos, no se sabía bien qué tal era de cerca. Cuando se acercó, las líneas de la vida se le marcaban en el rostro. Era un tipo alto y moreno. Se me hacía su cara conocida. Se acerca a nosotras y nos pregunta si éramos españolas. Mi amiga dice que es portuguesa y así, una a una le responde de donde provenía. Tenía un acento extraño, difícil de entender entre los roncola y la música estridente de ese lugar con un nombre impronunciable--como casi todo en Escocia. Dijo que era danés y que había venido de caza. "A cazar mujeres, a cazar mujeres, a cazar mujeres" decían nuestros cerebros. Y pues no. Venía a cazar ciervos. Lo decía con total naturalidad. En ese momento monto en cólera:

- ¿Por qué alguien haría eso?
- Es parte del balance, si no se cazan hay sobre-población o ellos se mueren por una cosa...
(mientras explicaba me lo imaginaba vestido de camuflaje matando a Bambi, supongo lo odié demasiado).
- O sea, esto es un deporte para ti.
(me dieron ganas de decirle: matas por placer, mal nacido, qué te han hecho los ciervos)
- Sí, y lo hago en Dinamarca también.
Luego de un rato, necesitaba otro trago. Al volver con otro Bacardi cola, el tipo seguía allí pegado en la mesa, conversando con una amiga. Luego dirige su mirada asesina, así como apuntándome con el láser en la sien:
- ¿Todas las mujeres chilenas son como tú?
- ¿Cómo yo qué? -- Evidentemente yo intuía sus intenciones, pero tenía la obligación de hacerme la tonta.
- Así tan directas... -- Y me dio la temida mirada, ustedes niñas saben a cuál me refiero. La mirada de sexo.
- No lo sé, tal vez sí, tal vez no.
Luego de eso evité mirarlo hasta que se aburrió y nos dejó.

Al rato lo encontré merodeando a una niña de aspecto caucásico, lo contrario a mí, y pensé que era lo mejor. El tipo me ve bailando. Yo no me di cuenta en ese entonces. En un momento me toma desde atrás y me lleva hacia un lugar oscuro.
- Yo siempre vengo listo para la caza.
Saca un tremendo cuchillo desde dentro de su pantalón. El tipo se vestía bien. Los guardias nunca hubiesen preguntado nada ni osado palpar su bolsillo al entrar al local.


Abro los ojos.  No entendía nada. No sentía nada.
Cerré los ojos un rato. Los abrí para enfocar la mirada. Estaba yo desde una altura inusual. Cuando pude ver bien, estaba en una habitación blanca y amplia. Abajo, como mirando hacia mí, había un sillón elegante, tapizado en terciopelo color merlot. Y allí el danés sentado se reía y me miraba, y se carcajeaba cada vez más intensamente. Yo no entendía donde estaba.

Cuando pude mirar mejor, me di cuenta que no podía torcer el cuello. No sentía mi cuerpo tampoco. Pero podía mirar hacia los lados un poco, hacia arriba y hacia abajo y allí las vi. Debajo de mí estaban todas las cabezas. Todas de mujer. El muy hijo de puta nunca cazó venados, nos tenía a cada una en su pared, con el país de origen en una placa dorada situada abajo del trozo de madera en que se empotraban nuestros cascos y pescuezos. Me di cuenta cuando, riéndose, trajo un espejo tremendo y gozó mostrándome sus trofeos.

Al rato se fue y me quedé sola con mi cuello, y mi lámina que decía Chile.
- ¿Hay alguien allí?
Estuve preguntando por más de media hora. Seguí esperando. Las mujeres poco a poco comenzaron a reaccionar. Algunas no hablaban desde hace años. Otras no entendían lo que pasaba. Todas sabíamos del danés. A todas nos abordó casi de la misma forma. Había que hacer algo.

Sabíamos que en una habitación contigua el danés guardaba las cazas de sus antepasados y había tigres, leones y osos. Empezamos a gritar y hacer ruidos con nuestras bocas. Se sentía un temblor. Los animales se encontraban al otro lado de la pared. La pared se movía y comenzamos a escuchar sus rugidos, cada vez más cerca. Casi como si tuvieran sus garras, las paredes cedieron y nos engulleron a todas. A todas. Ninguna de las cabezas quedó intacta.

Perdió el trabajo de una vida. Los animales tenían hambre, y él, cara de castor.