Wednesday, 24 February 2016

"No estoy ni ahí" como un triunfo de la derecha chilena.



En mi estudio sobre el carácter totémico de las banderas (desde Freud, claramente) me encontré con una canción escalofriante: “Chile eres tú”, himno del régimen de Pinochet, escrita por el otrora miembro del movimiento surrealista Mandrágora, Braulio Arenas. Un importante verso de ese tema es “Chile eres tú, Chile es bandera y juventud” en el cual se establece el centro de la ideología pinochetista, esa de “borrar el pasado”, la de la metáfora médica de que el país estaba enfermo y necesitaba un tratamiento. Tratamiento “de shock” como lo expresase alguna vez Milton Friedman en una carta dirigida al tirano en 1982, mientras el modelo de los Chicago Boys se imponía con fuerza por esos años.
La mezcla entre totalizar a la bandera como símbolo, o más lejos, como signo para los de la semiótica, y la atracción de los jóvenes fue una prioridad para la derecha en dictadura. Jaime Guzmán mismo tomo esa responsabilidad, a los 27 años, de estar dentro de los cuales establecerían una nueva constitución. Desde allí, a través de la FEUC de ese entonces, desarrollaron su proyecto despolitizador, de carácter monolítico, que era lo que también deseaba el dictador, y lo cito: “que la juventud chilena día a día vaya formando un solo bloque monolítico”.
La despolitización comienza con la eliminación de toda forma que haga alegoría al gobierno de Allende o a las ideas de izquierda. Se blanquearon paredes, inclusive un mural del gran pintor Matta, se realizaron quemas de libros e, igual de importante, se impuso la estética del hombre con pelo corto como símbolo de orden y virtud. El chascas, el crespo, barbudo era demasiado izquierdoso, hippie y pasado a marihuana como para desear la libertad individual sin intervención del Estado. El diario El Mercurio fue, evidentemente, cómplice inclusive en esto, viéndose en diarios de la época como felicitaban a los buenos jóvenes que se cortaban el cabello en esta nueva moda tan limpia, tan de un nuevo Chile.
El monolito despolitizado fue exitoso. Más allá de lo que se imagina. Una vez “devuelta” la democracia, en los ’90 tenemos la generación del “no estoy ni ahí”. Esa expresión tan cotidiana encierra en su significación el triunfo de la derecha dictatorial en el imaginario colectivo. Ese “no estoy ni ahí” es la despolitización absoluta. Si bien Marcelo “Chino” Ríos se volvió un ícono y un tenista grandioso, también, se podría decir, era la imagen de aquella frase. Si Ríos se interesa en la política o “no está ni ahí” con ella no es el punto. Pero sí que crecimos con la idea de que la política era de esos viejos, que no era para nosotros, lo que ha provocado una apatía generacional impresionante.
Con esto no me refiero a que se indique que la política funcione o sea respetable si consideramos el comportamiento de sus personeros actuales--mal que mal funciona de manera monstruosa con una Constitución mientras la democracia estaba en el exilio y con engendros como el Tribunal Constitucional. No. Pero el interés en comprender nuestro pasado va por desafiar ese “no estoy ni ahí” pues finalmente no es que se nos ocurra que no nos interesan ciertas cosas. Se intentó por muchos medios concientizar e impregnar el consciente colectivo de la idea de que la política no sirve para nada, que es cosa del pasado, que miremos al futuro, que que pena lo de los derechos humanos pero el “gobierno militar” era necesario, que “tenemos lo que merecemos” como gran frase conformista. Tenemos lo que hay porque “no están ni ahí”. Y sí, va a ser difícil sacar al país del entuerto en que se encuentra, pero los mismos que generaron el ambiente de despolitización quisieron que así fuese. Pienso que quienes “no están ni ahí”, inconscientemente claro, fueron fagocitados por la supuesta no-ideología de la despolitización, pero forzar la despolitización y fingir ser “neutral” es lo más ideológico que hay. Pero eso no le gusta a la derecha y por eso salen con frases del bronce como “queremos hacer grande a Chile” y tal, porque se supone que la ideología es de izquierdas solamente—pobrecitos, pero eso lo sabemos al dejar la modorra y que no gane su supuesta no-ideología, ojo.
Que se vote por tal o cual—o nadie—es parte de una participación en la que tenemos que estar, e informarnos debidamente, pues eso es lo que temen los despolitizantes (no sé si existe esa palabra), porque al tener conciencia, al “estar ahí” es claro que son ellos los que no tienen sentido.