¿Cuántos Cavales se necesitan para que los Piñera-lovers se den cuenta que lo que él hizo se llama traición a la patria? ¿Cómo es tan fácil apuntar a la presidenta Bachelet de que efectivamente sabía de las reuniones entre el tarado de su hijo y Luksic, y no poder entender que la empresa de Piñera era resguardada por su hijo? Ahí parece que los empates no funcionan y la ceguera autoimpuesta reina impunemente.
Pensar que el ex-presidente no sabía de los negocios de Bancard, con su hijo a cargo, es un insulto a la inteligencia. Pensar que el terminal Bloomberg que tenía en la oficina no era tampoco para uso personal (en algunas cosas, démosle crédito que no es tan aprovechado) también califica como algo por lo menos sospechoso, este último hecho fue constatado por el medio The Financial Times para el año 2010.
Por otro lado, la idea de que todo el equipo de defensa de Chile trabajó para ayudar a las especulaciones del ex-presidente, pienso que no proceden. Si bien se argumenta que el lado chileno no dio mayores detalles sobre la importancia de los productos del mar que provienen de la zona en disputa, ya que Chile sólo menciona la anchoveta, me parece que es bastante macabro pensar que todo lo realizado se hizo de forma tendenciosa. No puede ser asi, eso quiere decir que el equipo quería que Chile perdiese en el juicio de La Haya y eso se llama TRAICION A LA PATRIA.
Se especula que el ministro Moreno podría haber sabido algo. No sé. Él tiene contacto directo con los ladrones de PENTA que deben ser amigos o cercanos al ex-presdiente, quien no titubeó un tiempo atrás en defender "la honra" de los Carlos. Entre ladrones se entienden.
Como a los tontitos les gusta el empate, comparemos los casos de Caval (que es lo que más discuten en medios de derecha como EMOL) y este nuevo escándalo del ex-presidente:
En primera instancia, Caval se descubrió como un "negociado" entre privados donde un primo del ex-presidente (un tal Chadwick Larraín) estaba a cargo del tema de los terrenos en Machalí. Se supone estos terrenos cambiarían en el plan regulador, lo que aumentaría sustancialmente su plusvalía. Esto es uso de información privilegiada (chuta, suena súper familiar eso). En ese momento el hijo de la presidenta solicita audiencia con el banquero más importante de Chile, porque puede, porque su mamá es la presidenta. Y el tipo se supone les prestaba la plata. ¿Usaron fondos del estado? No. Lo que tenían era INFORMACION. Como los pillaron, salieron pa'trás y quedaron de lesos. Pero todos sabíamos desde antes que el hijito de la presidenta era medio tontorrón, a quién se le ocurre tener 4 Lexus así por ser... pero como en todo orden de cosas medias malandras, era todo "pa' calla'o". Y los pillaron. Juicios por aquí y por allá y sán se acabó. Si bien fue un caso que afectó a Bachelet por siempre jamás, que así debe ser, no pasó a más. Y Compagnon campante se compró pasajes a EEUU pensando le levantarían la orden de arraigo. Tapón. Este caso claramente, afectó al gobierno de turno y lo hará hasta su fin. El manejo comunicacional de la presidenta fue muy malo y nadie puede negar que ella sabía sobre esto, es difícil verlo de otra forma. Cualquier otra especulación no sirve, pues la leche fue derramada. Y que quede claro que en Chile no hay izquierda en el gobierno.
Cuando el señor Piñera hizo grandes alardes del fideicomiso ciego, al parecer olvidó mencionar un gran detalle. Que aquellos negocios eran en CHILE, lea usted de nuevo, EN CHILE, y que para ser el presidente de excelencia que fue iba a dedicarse plenamente al desarrollo del país y dejar sus negocios a gente de confianza. Léase, su hijo en Bancard. Es cierto, la inversión en Exalmar es un porcentaje mínimo de la cartera de esta empresa. No obstante, Bancard tiene más del 9% de las acciones de Exalmar. El punto es que el litigio sobre el mar en La Haya favorece a esta empresa, una de las más grandes del Perú, y tal como reporta El Mostrador: "La inversión no fue parte del fideicomiso ciego", por lo tanto, si SP tenía un Bloomberg en La Moneda cuando se suponía no iba a interesarse en los negocios, pues esto constituye CONFLICTO DE INTERES, es obvio que tenía conciencia de estas cosas porque es un maniático y le gusta tener control e información sobre todo. Y ya sabemos que ese tipo con información es peligroso, el tema del uso fraudulento de información ya mancha su hoja de vida. La empresa en la que invirtió Bancard a través de SP junior como miembro del directorio se vio favorecida por el fallo (¿no le habŕa contado SPM a papito lo que iban a hacer justo cuando esas aguas estaban en pugna?, ¿cómo epidemia con aros no hizo lo mismo con la presidenta?). La apuesta de Bancard, en este marco, fue de una inversión que pudiese traer dividendos, porque esa es siempre la idea de invertir. Si les fue bien o mal da lo mismo, el punto es que esto tiene DOLO. Y obviamente en estas cosas reina el oportunismo, algo que conocemos todos muy de cerca en el ex-presidente. El punto que quiero hacer es el siguiente: ¿nos afecta a nosotros este negocio? SÍ. Si bien fue entre privados, quien lideraba al país sabía exactamente lo que ocurría, si no de forma personal a través de su hijo y esa empresa de beneficiarse llenaba, una vez más, los bolsillos de uno de "los mismos de siempre" que sucede debía velar por todos nosotros. O sea, los kilómetros cuadrados que perdieron los pescadores en Arica quedan a manos de grandes conglomerados pesqueros peruanos, uno que tiene como accionista a Bancard. Es decir, esa empresa podría estar lucrando a costa de los chilenos que se vieron afectados por perder el juicio. Ellos siempre se hubiesen visto afectados en este escenario, pero es traición cuando el presidente--indirectamente tal vez--, se haya beneficiado de dejar a pescadores y a tantos otros miles de trabajadores relacionados con la pesca en la miseria. Ese mismo presidente que se supone luchaba por ellos y regaló el mar chileno a 7 familias de "los mismos de siempre" a través de la Ley Longueira, donde se han constatado graves casos de SOBORNO (pensemos en Marta Isasi y Jaime Orpis por mientras).
Pienso es cosa de tiempo encontrar más evidencia sobre este TRAIDOR que no merece atención alguna. La noticia ha sido acallada en los medios, pese a que salió ayer o anteayer con mediocre fanfarria (esto la marece tanto o más que Caval y al weoncito de Rafael Garay). Los vínculos a más detalles aparecen al final de las páginas de los diarios, cuando debiese ser primera plana. Los dueños de todo se protegen entre ellos. Es cierto que en Chile ya no van quedando candidatos presidenciales y que la elección está a la vuelta de la esquina, que Lagos es claramente mala opción y también es un traidor, al socialismo, pero Piñera es el peor de todos. Lo mejor sería que lo sacasen de la carrera presidencial--pero no lo harán--, porque cualquier otro del "Chile Vamos" es menos corrupto. Si les gusta el empate, Piñera sale perdiendo, ¿cuántos cavales necesitan para entenderlo?
QUE ARICA NI NADIE LO OLVIDE.
Wednesday, 16 November 2016
Wednesday, 19 October 2016
Estos 31
El frenesí de mi vida actual casi me hace olvidar que cumplo otro año en esta tierra. No exagero. He tenido tanto que hacer, que paré la máquina en piloto automático cuando Gordon me dijo: recuerda que hoy viajo a verte. Y por un segundo mi mente, ilusamente, pensó: ¿y por qué viene en la semana? Luego de ello me cayó la teja: cumplo años.
Había andado yo en Londres, después de una semana con incertidumbres y alegrías y tantas otras cosas. Las semanas se me escapan y a veces pienso que el tiempo corre detrás mío y cuando me alcanza no lo puedo soportar. Resulta que me había estancado con un capítulo de la tesis y me sentía fatal, pues no podía seguir arreglándolo antes de desarrollar otras ideas que irían--según creo--en mi engendro de introducción.
Mi profesora es paciente y le dije (o tuve diarrea verbal) que no podía seguir. En ese sentido uno tiene que ser honesto con sus limitaciones, que en ningún momento significan que soy menos inteligente o que no sirvo, sino que llevar mis energías hacia otro lado para volver a esto cuando ya crea que es tiempo. Más que tomarlo como una debilidad, pensar así lo veo como una forma sutil de sabiduría, pues sería más fácil sentirme como la mierda y llorar, perdiendo el tiempo, en vez de canalizar su uso de otra forma que podría de todas modas servirme para el todo de lo que estoy realizando. A veces uno no avanza nomás, por lo que hay que comenzar a buscar caminos alternativos por mientras. Así que mi profesora me escuchó y me dijo que, efectivamente, mejor hacía lo otro que estaba yo sugiriendo y que volviese al tema posteriormente. Me pareció que su venia metodológica y conceptual validaba mi interés en no seguir sufriendo por las puras y en no perder tiempo valioso--ya escribiré sobre el tiempo en otro post.
En ese marco, enseñando unas horitas a los pregrados, que son un encanto en realidad, tuve que ir a Londres. El fin de semana se me hizo cortísimo. Como me encuentro arrendando la pieza extra del departamento por Airbnb, ando entre la candidata a Doctor y la Domitila, limpiando, trapeando, etc. Preparando el lugar para los huéspedes. Es algo cansador pero lo prefiero por el momento. Entonces allí tuve que viajar a Londres el domingo por la tarde, para llegar a Kings X a las 11.20 de la noche. En ese momento iba yo dirigida a la casa de mis buenos amigos Gonzalo y Eva pues viven cerca de la Universidad de Goldsmiths, donde yo asistiría como oyente a una conferencia el día siguiente.
Me había llegado un email algunas semanas antes donde se daba a conocer un día completo de charlas sobre el Neoliberalismo desde diversas perspectivas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando encontré, dentro de los ponentes, a Alicia Salomone, una profesora que tuve en el magíster de la U de Chile. El otro ilustre era Oscar Guardiola Rivera de Birbank. Tenía que ir. Si bien conocí a Guardiola hace dos años en la feria del libro de Edimburgo y le conté lo que estaba haciendo, no pensé se acordaría de mí, por lo que decidí solamente contactar a mi profesora. Me respondió amablemente y que nos juntásemos a conversar ese día. Entonces el lunes a las 10 Am, estaba yo y Gonzalo--quien finalmente me acompañó toda la jornada gracias a su gran curiosidad académica--en Goldsmiths. Olvidé mencionar que una vez que llegué a Kings X la noche anterior, a las 11.20 de la noche, pasé a Highbury and Islington a tomar el tren (overground) que me llevaría donde mis amigos. Como yo no vivo en Londres llegué muy campante a tomar el tren, cuando un guardia me detiene y me dice ¿para dónde vas?. A Crystal Palace, le respondo. No hay trenes a esta hora, es domingo. Ah, no sabía, no soy de acá, le dije. ¿De dónde vienes? me pregunta. De Edimburgo. ¿Y qué tal es allá, muy frío? Sí, un poco pero no es para morirse, la gente es más simpática que acá. ¿Y hay trabajo? Sí, creo que sí. Nos miramos un rato con el guardia, inmigrante de raza negra que me imagino ha sido golpeado simbólica y concretamente con el brexit. Me dice luego mirando su tablet. Mira, tienes que irte en la Victoria line hasta Brixton (allí termina la línea) y desde allí tomar el bus N3. Que llegues sin novedad. Gracias, le dije. Tomé el N3 a las 12.29 de la noche. Se supone que demora media hora en llegar a destino. Como era muy tarde y no había casi un alma en las calles, el chófer "metió chala" y llegué a Crystal Palace Parade en tan sólo cinco minutos. Luego de ello llegué donde mis amigos.
Esa noche tuve problemas conciliando el sueño, pues durante el largo periplo en tren desde Edimburgo a Londres leí la noticia de la niña asesinada en Coyhaique y me sentí muy mal, por largo rato. Finalmente me dormí pasada las dos de la mañana.
Pasé el día siguiente completo aprendiendo de todos quienes exponían en esa conferencia, conocí a estudiantes chilenos en Goldsmiths, que son bastantes y me agradó la atmósfera de la universidad. Es un lugar distinto, abierto, te sientes bienvenido. Y lo mejor fue el reencuentro con la profesora Alicia, estaba muy orgullosa escuchándola hablar sobre la memoria y el neoliberalismo, escucharla hablar en un inglés muy bueno. Me di cuenta también que para ella era bueno ver una cara conocida y sentirse valorada de esa forma, si finalmente viajé para verla a ella. Lo pasamos muy buen y fue un encuentro excelente, sacamos varias ideas a flote y quién sabe quizás la tengamos por estos lados. Como yo la conocía poco, desde el magíster, me dio mucho gusto conocerla como persona. Nunca olvidaré ese día.
Cuando terminó la conferencia y luego de ir a una jornada breve de camaradería con estudiantes y ponentes de ese día, nos fuimos con la profesora en metro hacia el centro. Luego me fui a Caledonian Road a ver a mis ex-alumnos de Medicina de la Chile, Matías y Carlita. A ellos no los veía hace muchos años, tenemos mucho cariño entre nosotros y el reencuentro era anticipado por los tres. Nunca había estado en ese sector de Londres y cada vez que voy me ubico menos, pues carece de cerros que te indican para donde vas, como en mi querido Edimburgo, que los cerros me hacen recordar a Chile. Estuve con ellos largo rato conversando de tantas cosas. Al día siguiente tenía tren de vuelva a Edimburgo a las 7.30. Ellos me dijeron que era fácil, que no más de 20 minutos. La cosa es que por razones extrañas, mi teléfono no me despertó y eran las 7.05 cuando salí de la casa de estos queridos amigos. Me fui por el camino que no era y me perdí. Mi impotencia era muy grande, pues conozco Londres bastante bien, pero la falta de costumbre me jugó una mala pasada. Terminé validando mi Oyster Card a las 7.21 (esto lo supe después) y llegué a Kings X unos minutos después. Cualquier persona que ha estado en Londres sabe que para salir de Kings hacia los trenes te demoras bastante porque hay que subir escaleras mecánicas y niveles. Lo corrí todo. Iba como una loca, estaba en el tiempo justo, al borde del abismo. Cuando hube llegado a la estación para ver las pantallas que informan de la plataforma por donde salen los trenes, eran ya las 7.29 con 45 segundos. Cagué, perdí el tren. No sabía que hacer. Me enviaron a la ticket office. Tuve que esperar unos dos minutos para que me atendiesen. Next! grita una mujer con un vozarrón. Hola, le dije, mientras caían torrentes de transpiración por mi cara y casi no podía hablar por la agitación, hola, perdí el tren de las 7.30. ¿Por qué lo perdió? me pregunta. Es que me perdí, no sabía llegar a la estación. ¿Te perdiste en el metro? Nadie se pierde en el metro, estás atrasada. ¿A qué hora saliste de tu casa? Es que, a ver, le explico, salí hacia Caledonian Road, me perdí intentando llegar ahí, salí tipo 7.05 de la casa de mis amigos. A ver, me dice, dame tu tarjeta. Validaste a las 7.21. Eso es muy tarde, era obvio que perderías el tren, hay que estar con por lo menos media hora de anticipación. Sí, lo sé, le dije. No, NO SABES, por eso te ocurrió esto. El próximo sale a las ocho.... y ahí le perdí el hilo a la conversación hasta que me dice, ya, el ticket de las 8 cuesta 140 libras. Eres estudiante así que te queda por 114. Con eso se me cae el mundo, 140 era mucho, pero tampoco podía no tomarlo pues llegando a Edimburgo tenía que prepararme para hacer una clase y no existía la posibilidad de pedir un reemplazo, pues la próxima semana ya estaré ausente. Se me aceleró el corazón y la frustración me quería hacer llorar de impotencia, pues era cierto que me había perdido. Le dije, lo siento, no tengo para pagar eso, no sé que hacer. Me miró fijo--igual que el guardia de hace dos días, ella también era inmigrante africana--me puso un timbre en el pasaje y escribió a mano: 8.00 AM. Ahora ve a tomarlo y que no te pase esto más. Gracias, le dije, me fui con vergüenza, pero no dejaba de pensar en que de todos modos había algo de solidaridad en su acto y que sí, me merecía el reto, para que estamos con cosas.
Cuando iba en camino a Edimburgo me contacta una niña que quiere quedarse en la habitación que ofrezco por Airbnb, Eso significaba llegar a la casa a preparar la pieza y ordenar, y limpiar el baño. Hice todo eso y luego me fui a dar la clase de 4 a 5 que me corresponden los días martes. La clase salió muy bien y los estudiantes son estupendos, participan bastante así que la clase se hace sola. Estaba muy cansada, pero me comprometí con mi profesora a asistir a un evento que ella había organizado, un diálogo entre escritores argentinos que comenzaba a las 5. Salí corriendo de la biblioteca, porque mis clases toman lugar allí y crucé la plaza George para llegar a mi edificio. Estuve escuchando el diálogo. Después a conversar con colegas. Ir a la oficina a responder los correos que no había mirado desde el viernes o jueves anterior. Responder. Ir a casa. Pido sushi, llega Gordon. Dan las 12, me abraza y me dice feliz cumpleaños. Me duermo casi instantáneamente. Hoy, en el día en sí mismo, sólo quiero descansar. Y por eso me doy el tiempo de escribir este post. Por ahora el feliz del feliz cumpleaños está en esto, en quedarme en casa. Comí una rica pizza. En la noche veo a mis amigos a por cervezas y algo para comer. Mañana de vuelta a las clases. Un día no es más que un momento. Un instante, y creo que lo he pasado bien. Ahora voy a ver El Club de la Pelea porque la había comenzado a ver por enésima vez la semana pasada pero no la terminé de ver. En un rato me contacto con mi familia, para decir feliz cumpleaños a los otros que cumplen hoy día: a mi papá y mi hermana.
Había andado yo en Londres, después de una semana con incertidumbres y alegrías y tantas otras cosas. Las semanas se me escapan y a veces pienso que el tiempo corre detrás mío y cuando me alcanza no lo puedo soportar. Resulta que me había estancado con un capítulo de la tesis y me sentía fatal, pues no podía seguir arreglándolo antes de desarrollar otras ideas que irían--según creo--en mi engendro de introducción.
Mi profesora es paciente y le dije (o tuve diarrea verbal) que no podía seguir. En ese sentido uno tiene que ser honesto con sus limitaciones, que en ningún momento significan que soy menos inteligente o que no sirvo, sino que llevar mis energías hacia otro lado para volver a esto cuando ya crea que es tiempo. Más que tomarlo como una debilidad, pensar así lo veo como una forma sutil de sabiduría, pues sería más fácil sentirme como la mierda y llorar, perdiendo el tiempo, en vez de canalizar su uso de otra forma que podría de todas modas servirme para el todo de lo que estoy realizando. A veces uno no avanza nomás, por lo que hay que comenzar a buscar caminos alternativos por mientras. Así que mi profesora me escuchó y me dijo que, efectivamente, mejor hacía lo otro que estaba yo sugiriendo y que volviese al tema posteriormente. Me pareció que su venia metodológica y conceptual validaba mi interés en no seguir sufriendo por las puras y en no perder tiempo valioso--ya escribiré sobre el tiempo en otro post.
En ese marco, enseñando unas horitas a los pregrados, que son un encanto en realidad, tuve que ir a Londres. El fin de semana se me hizo cortísimo. Como me encuentro arrendando la pieza extra del departamento por Airbnb, ando entre la candidata a Doctor y la Domitila, limpiando, trapeando, etc. Preparando el lugar para los huéspedes. Es algo cansador pero lo prefiero por el momento. Entonces allí tuve que viajar a Londres el domingo por la tarde, para llegar a Kings X a las 11.20 de la noche. En ese momento iba yo dirigida a la casa de mis buenos amigos Gonzalo y Eva pues viven cerca de la Universidad de Goldsmiths, donde yo asistiría como oyente a una conferencia el día siguiente.
Me había llegado un email algunas semanas antes donde se daba a conocer un día completo de charlas sobre el Neoliberalismo desde diversas perspectivas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando encontré, dentro de los ponentes, a Alicia Salomone, una profesora que tuve en el magíster de la U de Chile. El otro ilustre era Oscar Guardiola Rivera de Birbank. Tenía que ir. Si bien conocí a Guardiola hace dos años en la feria del libro de Edimburgo y le conté lo que estaba haciendo, no pensé se acordaría de mí, por lo que decidí solamente contactar a mi profesora. Me respondió amablemente y que nos juntásemos a conversar ese día. Entonces el lunes a las 10 Am, estaba yo y Gonzalo--quien finalmente me acompañó toda la jornada gracias a su gran curiosidad académica--en Goldsmiths. Olvidé mencionar que una vez que llegué a Kings X la noche anterior, a las 11.20 de la noche, pasé a Highbury and Islington a tomar el tren (overground) que me llevaría donde mis amigos. Como yo no vivo en Londres llegué muy campante a tomar el tren, cuando un guardia me detiene y me dice ¿para dónde vas?. A Crystal Palace, le respondo. No hay trenes a esta hora, es domingo. Ah, no sabía, no soy de acá, le dije. ¿De dónde vienes? me pregunta. De Edimburgo. ¿Y qué tal es allá, muy frío? Sí, un poco pero no es para morirse, la gente es más simpática que acá. ¿Y hay trabajo? Sí, creo que sí. Nos miramos un rato con el guardia, inmigrante de raza negra que me imagino ha sido golpeado simbólica y concretamente con el brexit. Me dice luego mirando su tablet. Mira, tienes que irte en la Victoria line hasta Brixton (allí termina la línea) y desde allí tomar el bus N3. Que llegues sin novedad. Gracias, le dije. Tomé el N3 a las 12.29 de la noche. Se supone que demora media hora en llegar a destino. Como era muy tarde y no había casi un alma en las calles, el chófer "metió chala" y llegué a Crystal Palace Parade en tan sólo cinco minutos. Luego de ello llegué donde mis amigos.
Esa noche tuve problemas conciliando el sueño, pues durante el largo periplo en tren desde Edimburgo a Londres leí la noticia de la niña asesinada en Coyhaique y me sentí muy mal, por largo rato. Finalmente me dormí pasada las dos de la mañana.
Pasé el día siguiente completo aprendiendo de todos quienes exponían en esa conferencia, conocí a estudiantes chilenos en Goldsmiths, que son bastantes y me agradó la atmósfera de la universidad. Es un lugar distinto, abierto, te sientes bienvenido. Y lo mejor fue el reencuentro con la profesora Alicia, estaba muy orgullosa escuchándola hablar sobre la memoria y el neoliberalismo, escucharla hablar en un inglés muy bueno. Me di cuenta también que para ella era bueno ver una cara conocida y sentirse valorada de esa forma, si finalmente viajé para verla a ella. Lo pasamos muy buen y fue un encuentro excelente, sacamos varias ideas a flote y quién sabe quizás la tengamos por estos lados. Como yo la conocía poco, desde el magíster, me dio mucho gusto conocerla como persona. Nunca olvidaré ese día.
Cuando terminó la conferencia y luego de ir a una jornada breve de camaradería con estudiantes y ponentes de ese día, nos fuimos con la profesora en metro hacia el centro. Luego me fui a Caledonian Road a ver a mis ex-alumnos de Medicina de la Chile, Matías y Carlita. A ellos no los veía hace muchos años, tenemos mucho cariño entre nosotros y el reencuentro era anticipado por los tres. Nunca había estado en ese sector de Londres y cada vez que voy me ubico menos, pues carece de cerros que te indican para donde vas, como en mi querido Edimburgo, que los cerros me hacen recordar a Chile. Estuve con ellos largo rato conversando de tantas cosas. Al día siguiente tenía tren de vuelva a Edimburgo a las 7.30. Ellos me dijeron que era fácil, que no más de 20 minutos. La cosa es que por razones extrañas, mi teléfono no me despertó y eran las 7.05 cuando salí de la casa de estos queridos amigos. Me fui por el camino que no era y me perdí. Mi impotencia era muy grande, pues conozco Londres bastante bien, pero la falta de costumbre me jugó una mala pasada. Terminé validando mi Oyster Card a las 7.21 (esto lo supe después) y llegué a Kings X unos minutos después. Cualquier persona que ha estado en Londres sabe que para salir de Kings hacia los trenes te demoras bastante porque hay que subir escaleras mecánicas y niveles. Lo corrí todo. Iba como una loca, estaba en el tiempo justo, al borde del abismo. Cuando hube llegado a la estación para ver las pantallas que informan de la plataforma por donde salen los trenes, eran ya las 7.29 con 45 segundos. Cagué, perdí el tren. No sabía que hacer. Me enviaron a la ticket office. Tuve que esperar unos dos minutos para que me atendiesen. Next! grita una mujer con un vozarrón. Hola, le dije, mientras caían torrentes de transpiración por mi cara y casi no podía hablar por la agitación, hola, perdí el tren de las 7.30. ¿Por qué lo perdió? me pregunta. Es que me perdí, no sabía llegar a la estación. ¿Te perdiste en el metro? Nadie se pierde en el metro, estás atrasada. ¿A qué hora saliste de tu casa? Es que, a ver, le explico, salí hacia Caledonian Road, me perdí intentando llegar ahí, salí tipo 7.05 de la casa de mis amigos. A ver, me dice, dame tu tarjeta. Validaste a las 7.21. Eso es muy tarde, era obvio que perderías el tren, hay que estar con por lo menos media hora de anticipación. Sí, lo sé, le dije. No, NO SABES, por eso te ocurrió esto. El próximo sale a las ocho.... y ahí le perdí el hilo a la conversación hasta que me dice, ya, el ticket de las 8 cuesta 140 libras. Eres estudiante así que te queda por 114. Con eso se me cae el mundo, 140 era mucho, pero tampoco podía no tomarlo pues llegando a Edimburgo tenía que prepararme para hacer una clase y no existía la posibilidad de pedir un reemplazo, pues la próxima semana ya estaré ausente. Se me aceleró el corazón y la frustración me quería hacer llorar de impotencia, pues era cierto que me había perdido. Le dije, lo siento, no tengo para pagar eso, no sé que hacer. Me miró fijo--igual que el guardia de hace dos días, ella también era inmigrante africana--me puso un timbre en el pasaje y escribió a mano: 8.00 AM. Ahora ve a tomarlo y que no te pase esto más. Gracias, le dije, me fui con vergüenza, pero no dejaba de pensar en que de todos modos había algo de solidaridad en su acto y que sí, me merecía el reto, para que estamos con cosas.
Cuando iba en camino a Edimburgo me contacta una niña que quiere quedarse en la habitación que ofrezco por Airbnb, Eso significaba llegar a la casa a preparar la pieza y ordenar, y limpiar el baño. Hice todo eso y luego me fui a dar la clase de 4 a 5 que me corresponden los días martes. La clase salió muy bien y los estudiantes son estupendos, participan bastante así que la clase se hace sola. Estaba muy cansada, pero me comprometí con mi profesora a asistir a un evento que ella había organizado, un diálogo entre escritores argentinos que comenzaba a las 5. Salí corriendo de la biblioteca, porque mis clases toman lugar allí y crucé la plaza George para llegar a mi edificio. Estuve escuchando el diálogo. Después a conversar con colegas. Ir a la oficina a responder los correos que no había mirado desde el viernes o jueves anterior. Responder. Ir a casa. Pido sushi, llega Gordon. Dan las 12, me abraza y me dice feliz cumpleaños. Me duermo casi instantáneamente. Hoy, en el día en sí mismo, sólo quiero descansar. Y por eso me doy el tiempo de escribir este post. Por ahora el feliz del feliz cumpleaños está en esto, en quedarme en casa. Comí una rica pizza. En la noche veo a mis amigos a por cervezas y algo para comer. Mañana de vuelta a las clases. Un día no es más que un momento. Un instante, y creo que lo he pasado bien. Ahora voy a ver El Club de la Pelea porque la había comenzado a ver por enésima vez la semana pasada pero no la terminé de ver. En un rato me contacto con mi familia, para decir feliz cumpleaños a los otros que cumplen hoy día: a mi papá y mi hermana.
Sunday, 31 July 2016
Localidades
Quisiera escribir sobre cosas locales, es decir, cercanas. Cosas locales de la vida circundante. Si bien hay tanto que escribir, decir, hablar, conversar sobre temáticas grandilocuentes como Brexit, las AFP y las muertes que nos acechan a diario, voy a hablar de mis localidades.
Mi localidad número uno es aquella correspondiente a los cambios. Cambios que en algún momento nunca me imaginé. Escribo esto pensando en mi pasado, en lo que disfruté y lo que no hasta que encontré a la persona con quien compartiré mi vida. No siento rencores. Los rencores que podría haber sentido antaño el día de hoy se han convertido en lástima. Eso. Siento lástima al pensar en ciertas personas. Esta localidad primera, de cambios radicales, incluye un sentimiento nuevo, el de tener tu propia familia además de tus papás y hermanos, un proyecto propio, autónomo que el día de hoy se compone de Gordon y Holly, nuestra hermosa perrita Jack Russell. Mi familia, en la cual crecí--papá, mamá, hermana--quiere mucho a mi nueva familia y eso me llena de gran felicidad y orgullo. Me falta, empero, conocer a Toribio, el perrito de mi hermana, pero a través de sus fotos ya le amo enormemente.
Mi localidad número dos es referente a mis amigos. Mis amigos en Edimburgo. Con sus singularidades, sentidos del humor, compañerismo, voces, risas y todo, me alegran el existir. La comunidad que tenemos, con los amigos de la U, los chilenos y otros--pensando en distintos grupos de amigos que tengo acá--me permiten sobrellevar la carga de no tener a mis amigos históricos, con quienes me comunico bastante poco. Pero quien me conoce sabe que en el momento de tener una conversa, pareciera que nos vimos ayer.
Mi localidad número tres es el vivir. Vivo contenta. Si bien, como en todo, hay cosas con las que no estoy de acuerdo, el balance es positivo. Por las localidades anteriores, por el no rencor, por mis amigos, la familia, por los cambios. Siento bastante plenitud y espero con ansias el futuro a corto plazo.
Mi localidad número cuatro es el estudio. He avanzado a pasos agigantados en el arte de analizar literatura. Desde la poesía se puede llegar a cualquier cosa. Me siento como otra persona en ese sentido, como esa gente que uno lee en los papers. Ahora yo los escribo. No sé si me lee o leerá alguien. Siento que he avanzado bien y este tercer año parte con una base sólida y con mayor confianza en el trabajo propio, en su originalidad y la necesidad que exista. Esto es relevante, pues estos puntos fueron los más difíciles al momento de llenar un cierto formulario por financiamiento. Creo que en este momento, tan a posteriori, lo tengo claro. Igual vale. Esta localidad incluye el honor de escribir prólogos para libros de poetas tan connotados como Carmen Berenguer, Elvira Hernández y Gonzalo Millán (hasta ahora) junto con trabajar con mujeres tan maravillosas que le hacen honor al colectivo que conformamos, La Joyita Cartonera. Me siento feliz de formar parte de esta conjunción de mujeres.
Mi localidad número cinco son las preocupaciones mundanas del hoy. Las enumeraré: doctorado, matrimonio, organizaciones, escritura de dos prólogos para diciembre, compra de casa, adoptar otro perro, ver qué amigos de Chile vienen al evento, ver quien no viene, ver dónde se hará la cosa, si es con banda o DJ, si las flores son tales o cuales, el color del vestido de mis damas de compañía, que cómo será la despedida de soltera, que empiezan las clases en un mes y aún no sé qué enseñaré (típico en todo el mundo), el viaje a Chile en diciembre, la luna de miel en el Caribe, pasar tiempo con mi familia, y un largo etcétera. Es bastante abrumador, pero interesante, entretenido, agotador, me pongo neura, pero contenta.
Eso es todo lo que puedo decir por ahora. Cierre de transmisiones. Chao pescao.
Mi localidad número uno es aquella correspondiente a los cambios. Cambios que en algún momento nunca me imaginé. Escribo esto pensando en mi pasado, en lo que disfruté y lo que no hasta que encontré a la persona con quien compartiré mi vida. No siento rencores. Los rencores que podría haber sentido antaño el día de hoy se han convertido en lástima. Eso. Siento lástima al pensar en ciertas personas. Esta localidad primera, de cambios radicales, incluye un sentimiento nuevo, el de tener tu propia familia además de tus papás y hermanos, un proyecto propio, autónomo que el día de hoy se compone de Gordon y Holly, nuestra hermosa perrita Jack Russell. Mi familia, en la cual crecí--papá, mamá, hermana--quiere mucho a mi nueva familia y eso me llena de gran felicidad y orgullo. Me falta, empero, conocer a Toribio, el perrito de mi hermana, pero a través de sus fotos ya le amo enormemente.
Mi localidad número dos es referente a mis amigos. Mis amigos en Edimburgo. Con sus singularidades, sentidos del humor, compañerismo, voces, risas y todo, me alegran el existir. La comunidad que tenemos, con los amigos de la U, los chilenos y otros--pensando en distintos grupos de amigos que tengo acá--me permiten sobrellevar la carga de no tener a mis amigos históricos, con quienes me comunico bastante poco. Pero quien me conoce sabe que en el momento de tener una conversa, pareciera que nos vimos ayer.
Mi localidad número tres es el vivir. Vivo contenta. Si bien, como en todo, hay cosas con las que no estoy de acuerdo, el balance es positivo. Por las localidades anteriores, por el no rencor, por mis amigos, la familia, por los cambios. Siento bastante plenitud y espero con ansias el futuro a corto plazo.
Mi localidad número cuatro es el estudio. He avanzado a pasos agigantados en el arte de analizar literatura. Desde la poesía se puede llegar a cualquier cosa. Me siento como otra persona en ese sentido, como esa gente que uno lee en los papers. Ahora yo los escribo. No sé si me lee o leerá alguien. Siento que he avanzado bien y este tercer año parte con una base sólida y con mayor confianza en el trabajo propio, en su originalidad y la necesidad que exista. Esto es relevante, pues estos puntos fueron los más difíciles al momento de llenar un cierto formulario por financiamiento. Creo que en este momento, tan a posteriori, lo tengo claro. Igual vale. Esta localidad incluye el honor de escribir prólogos para libros de poetas tan connotados como Carmen Berenguer, Elvira Hernández y Gonzalo Millán (hasta ahora) junto con trabajar con mujeres tan maravillosas que le hacen honor al colectivo que conformamos, La Joyita Cartonera. Me siento feliz de formar parte de esta conjunción de mujeres.
Mi localidad número cinco son las preocupaciones mundanas del hoy. Las enumeraré: doctorado, matrimonio, organizaciones, escritura de dos prólogos para diciembre, compra de casa, adoptar otro perro, ver qué amigos de Chile vienen al evento, ver quien no viene, ver dónde se hará la cosa, si es con banda o DJ, si las flores son tales o cuales, el color del vestido de mis damas de compañía, que cómo será la despedida de soltera, que empiezan las clases en un mes y aún no sé qué enseñaré (típico en todo el mundo), el viaje a Chile en diciembre, la luna de miel en el Caribe, pasar tiempo con mi familia, y un largo etcétera. Es bastante abrumador, pero interesante, entretenido, agotador, me pongo neura, pero contenta.
Eso es todo lo que puedo decir por ahora. Cierre de transmisiones. Chao pescao.
Tuesday, 26 April 2016
La foto contra mi voluntad en el Starbucks de York
Son las 20.10. Acabo de llegar a la oficina a “trabajar” y
me veo envuelta en la escritura de esta nota. Se hace cuando se hace. Se
escribe cuando se escribe. La pura y santa verdad. Nada de culpas. Que debiese
estar estudiando, leyendo, pensando en tal y cual cosa, en autores, referencias
y cosas que genuinamente me interesan, pero que no me puedo concentrar.
Tipeo esto como si fuese el fin del mundo. Probablemente mi
semblante es serio y parece que escribe una obra tesística de gran calidad,
pero no, es una simple nota para mi folletín esporádico, y bien esporádico y
folletín que es.
La nota anterior es con respecto a ciertas rarezas que me
han ocurrido en la vida. Y comenté sobre el niño que, de la nada, me pidió un
abrazo y yo se lo di. Obviamente. Lo que viene tuvo lugar al sur, en la ciudad
de York.
Encontrábame yo vagando por las callejas medievales de York
por la tercera vez, pues el pueblo es pequeño y ya conocía todo. Esperaba que
mi amiga Fernanda terminase su jornada laboral y aún me quedaba tiempo que
matar. Decidí ir a tomar un café a Starbucks (negreros y evasores de impuestos
de talla mundial, pero cuando uno no conoce un lugar lo suficiente, uno busca
los lugares communes, uno donde uno sabe que no será webeado, pues me equivoqué
garrafalmente). Era yo allí. Las mesas estaban llenas, por lo que opté por
sentarme en los taburetes que miran por la ventana. Era una mezcla de estar
tras una mampara para observar el mundo circundante, mientras yo también podía
ser objeto de las miradas de los transeúntes. Jugueteaba yo con mi celular
cuando ocurrió lo indescriptible.
Había una serie de personas desde el otro lado del ventanal.
Me miraban y me sonreían. Bajé la Mirada por pudor, pensé no me estaban mirando
a mí en lo particular y que, quién sabe, tal vez ese Starbucks les parecía de
lo más lindo y deseaban admirarlo. Mi estupor fue mayúsculo cuando una señora
que formaba parte del grupo, que me atrevo a decir era una familia, entra al
negocio, sin ir directamente al mostrador a comprar nada, sino que va
directamente al lugar donde yo me encuentro y se para junto a mí, mientras yo,
un poco perpleja, veo si hay espacio para que ella se siente (preferentemente
en otro lado). Pero ella allí se quedó. Pasaron unos segundos y sus
acompañantes sacaron una serie de cámaras, eran unas 4 y procedieron a fotografiarla.
Sí, junto a mí. Cuando me di cuenta de aquello intenté mover mi cuerpo
(sentado) hacia la izquierda para, efectivamente, no formar parte de fotografía
alguna, y es allí cuando sus familiars/amigos/acompañantes se largan a reír,
antes solo sonreían.
Miro a la mujer y le digo “sorry” mientras me inclino para
alejarme lo más posible de ella y no salir en la foto. Ella me mira a los ojos,
me sonríe y me da una palmadita en la espalda. Luego de ello hubo salido de la cafetería
para desaparecer con el webonaje que la acompañaba. Eso fue todo.
Me quedé largo rato pensando en lo que significaba un acto
tan al azar. Pensé, y luego fue corroborado por otras personas, que quizás les
parecí un especímen curioso de humano, tras un vidrio, como en un museo
cualquiera, y la señora quería una fotografía con el ejemplar. Luego de divagar
más la lógica me sugirió que existe la posibilidad de que yo me parezco
demasiado a alguien que todos ellos conocen. Tanto así que mi doppelganger
tiene que saber de mi existencia, de que la versión familiar que ellos tienen
en alguien muy parecido a mi persona debe sorprenderse ante tanto parecido y
esto les pareció de lo más gracioso e increíble, y que yo no tenía poder de decision
ante nada, y que, obligatoriamente, iba a salir en una fotografía para que mi
doble quedase con un trauma. Claro, para ellos mi reacción es secundaria e
irrelevante. Cada cual lidia con sus propios traumas. Lo más probable es que yo
aparezca en dichas fotos como alejándome de la señora y con una forzada y
tremenda doble pera—doble mentón para quien lea y no sea de Chile. Hay por lo
menos 4 versiones de la misma foto. ¿Iré alguna vez a reconocerme en una foto
con una mujer desconocida tomada desde afuera de una cafetería en el centro de
York, que simboliza que existe otra mujer muy muy parecida a mí? (que para
ellos es la original, yo soy la copia, obviamente, todo es perspectiva en este
mundo).
Son las 20.28. Ahora te juro que trabajo (mentira). No, de verdad. Voy a hacer algo productivo (supongo).
Monday, 18 April 2016
El Acontecers
Hay varios
temas en la palestra, de los cuales quisiera desarrollar algunas ideas. Pero en
el vaivén de la contingencia algunos van, otros vienen y así sucesivamente.
Primeramente
quisiera referirme a la tragedia que sufren los ecuatorianos tras su terremoto.
Cómo no saber nosotros, los chilenos, lo que se siente. Los japoneses no lo han
pasado bien tampoco, pero pareciese que están mejor preparados
tecnológicamente. En lo particular, siento aún un gran apego con ese país,
Ecuador, ya que lo conocí bastante hace casi diez años atrás y me maravillé con
su naturaleza en la costa, la sierra y la selva, y pude encariñarme con su
gente, tan amable. Espero que pasen pronto sus tribulaciones, y tal como todo
el resto de países que sufren estas tragedias, puedan levantarse con dignidad y
colaboración interna y desde otras naciones de la región latinoamericana. Uno
se define desde donde proviene. En el microcosmos de la familia, en la sociedad
nacional, en una región de países que componen también nuestra identidad.
Por sobre
todo, somos latinoamericanos, de una tierra activa no solo tectónicamente, sino
de una tierra dinámica en lo político y con una fuerza social y de trabajo
asombrosa. Enhorabuena que en el Perú los pensionados podrán terminar con el
robo de las empresas privadas de pensión y retirar más del 95% del capital
acumulado (entretanto más perdido que ganado en los vaivenes del mercado). Esta
medida es un ejemplo para entender que la desregulación y el desmantelamiento
del Estado son circunstancias que no pueden ser mantenidas en el tiempo. Eso se
tiene que aprender del país vecino. No quiero ni siquiera pensar en mis papás o
en mi misma cuando sea vieja y tenga que retirarme de un Sistema de pensiones
tan injusto y chupasangre como es la actual AFP. De seguro un número no menor
de economistas sociales, con sus PhDs terminados, podrán ser capaces de
desarrollar un Sistema que se condiga con las necesidades de las personas, su
capacidad de ahorro y los costos de vida. El Estado debe jugar un rol más activo
en un montón de aristas que se considerarían a la hora de planificar una salida
a las AFP, que, por su inicio no tienen ninguna buena vibra. Sistema impuesto a
través de un régimen que callaba a la gente a balazos. Ojalá se llegue, y
pronto, a una iniciativa alternativa a lo que existe, o directamente copiar el
ejemplo peruano—ay como les duele a los que creen que somos jaguares.
Como opinión
general, sin tener los detalles de la
circunstancia, pienso que es peligroso lo que ocurre en Brasil. Más allá de mi opinión
sobre Dilma. De hecho no conozco mucho sobre la política brasileña más que
algún par de titulares, que deben ser dirigidos de alguna forma para imprimir
una opinión ajena en mi cerebro. Dejando todo ello de lado me voy a lo
simbólico. ¿No es lo que ocurre una señal del fin de la democracia tal como la
conocemos? Es cierto, la corrupción debe perseguirse, pero de seguro no es solo
la presidenta. Pero a ella hay que crucificarla, que haya escándalo. Insisto,
no sé los detalles, pero me da la idea de un circo romano y que la voluntad
popular que la eligió no vale nada, pues es el senado que quiere echarla.
Bueno, los poderes del estado se supone operan separados, para casos como
estos. Pero me llama mucho la atención este momento, esta coyuntura, pues es
una señal terrorífica: se puede anular/echar a un presidente. Como no sé
detalles, ignoro cuánto tiempo más Dilma estaría en el poder, y sí,
efectivamente se vio muy feo cuando quiso dar un ministerio a su patriarca,
Lula, mientras era investigado. Feo. Pero la organización de la elite política
(y económica) para sacarla es algo macabra. Otros genios podrían pensar en
tomar medidas parecidas si las autoridades no hacen lo que ellos quieren. Eso
suena como una sugerencia muy cercana, como la compra de voluntades políticas a
través de boletas falsas. Simbólicamente, si se logra sacar a Dilma, muere la
democracia por estos lares del mundo. Esa es mi opinión e, insisto, no tengo
los detalles, no los sé, pero así es como lo veo hoy en día.
Con respecto
al tema del momento: las inundaciones. Queda claro que el empresariado no tiene
ningún interés en salvaguardar el bien común, porque cualquier cosa colectiva
es rechazada. Lo colectivo no cabe en la mente del neoliberal, pues todo es “emprendimiento
individual” y si quedan cadáveres en el camino, son gajes del oficio. Que la
empresa involucrada en una nueva autopista para los ricos no hiciera caso a las
recomendaciones del gobierno, deja en claro que no asumen a las autoridades
como tales y que desean actuar a como les dicte su conciencia, no la ley, ni siquiera
el sentido común. Mi reflexión es la siguiente: es tal la autoridad del
empresariado sobre el gobierno que este último “sugiere” precauciones frente al
mal clima, en vez de “exigirlas”. El intendente Orrego se lava las manos
diciendo “les avisamos”, pero eso no es suficiente. Es lo que pasa cuando la
institucionalidad del Estado pesa menos que la voluntad del empresariado. Eso
tiene que empezar a cambiar. El otro tema es aguas andinas y otras empresas de
agua. Hacen lo imposible por reventarte las webas cuando te atrasas un día en
pagarles, pero no invierten en planes de contingencia mínimos para asegurarle,
a sus clientes, un servicio de calidad como se supone que es lo que la gente está
pagando. Se supondría que el mercado aseguraría niveles de calidad en los
productos, incluso que el agua es un bien de consumo, privado—cosa que nadie
entiende, pues no debiese ser así, gracias Pinoshit y ConcertaSound—por lo que
bajo ese prisma quienes consumen esa agua no son sujetos ni ciudadanos sino
CLIENTES, consumidores que debiesen, por lo menos, ser indemnizados. En estos
momentos otros emprendedores como le gustaba decir a Piraña—una palabra que detesto
con mi alma—pasan pellejerías porque otros emprendedores más grandes (esos que
se jactan de dar “trabajo”) no hicieron lo mínimo que tenían que hacer porque,
básicamente, no les interesa ni tienen la mínima intención. Lo mismo va para
Alto Maipo, de lo que no me referiré. Ni tampoco del “emprendedor” Paulmann,
con sus wellington, sacando el agua de su jumbito fálico porque quería el lugar
“tikitaka” para abrir sus puertas al consumir desmesurado de agua embotellada
de Luksic y porque me imagino que alguno de sus trabajadores periféricos perdió
su casa en las inundaciones pero tenía que quedarse secando el supermercado,
porque sino le descontaban el día (me lo imagino bien patentemente, como las “giftcard”
post-terremotos y post-incendios).
Finalmente,
con algo de alegría—y de desconfianza porque, bueno, hablamos de Chile—comienza
este Proceso Constituyente del que todos podemos hacernos parte. Sería lindo
tener una mesa de conversación en Edimburgo, poder plasmar nuestros deseos de
mejorar nuestro Chile, y para ello una nueva carta magna es fundamental. Sin
miedos, por lo menos se ha instalado de manera definitiva que la Constitución
del 80 no es modificable, sino que tiene que ser derogada y, en su lugar, tener
una que nos defienda como ciudadanos, en nuestras diversidades, culturas y
necesidades. Que Chile ofrezca espacios para todas y todos, sin importar su
renta, su raza y que el estado salvaguarde nuestros derechos, teniendo claras
nuestras responsabilidades como ciudadanos. Es nuestra responsabilidad, empero,
participar y tener conciencia de la necesidad de un proyecto COLECTIVO, porque
esa palabra falta en nuestro vocabulario. Y colectivo no significa de izquierda
necesariamente, sino en que miramos más allá de nosotros mismos, porque el país
somos todos y no puede ser que nos siga rigiendo una carta nacional escrita
durante el exilio de nuestra democracia. Basta.
PD: Pienso
que la selfie de Boric no era de oportunismo. Que el resto de los honorables
muestren cómo ayudaban al ciudadano común, si alguien los vio, ya que como no
se toman selfies no “figuran” entonces deben haber muchas personas que
recibieron ayuda oportuna de ellos.
Monday, 11 April 2016
Para el Anecdotario
La semana pasada me ocurrió algo dentro de lo azaroso. Una cosa de esas en las que mis amigos me dicen "eso te pasa a ti nomás"... Si bien no fue como, por ejemplo, ganar un concurso de gritos de un programa de un canal de cable (cuyo premio nunca pude gozar y de lo que me enteré sin haber tenido idea siquiera cuando fui grabada gritando), ni ganar un equipo de música en una rifa que no participé (imaginad mi sorpresa al recibir una llamada donde tenía que dar mi dirección para recibir dicho premio, que disfruté hasta antes de venirme a Escocia) y un montón de otras que no puedo recordar en este momento, pero caracterizan mi existencia.
Todos estos gestos azarosos se anotan en un cuaderno imaginario llamado El Anecdotario. Aunque quizás me convendría tener uno real, porque al parecer son cosas bastante chistosas para otras personas. Quizás tengan potencial de cuento y qué se yo. En fin, esta semana pasada me ocurrió algo que entra a los anales de la anécdota de mi vida. Por primera vez, empero, incluye a un infante.
Comenzemos ab ovo: Hace tiempo que quería ir al gimnasio a una clase de Hydrospin. Es igual al spinning pero bajo el agua. Mis ojos no podían creer tanta tecnología deportiva, cuando el fondo de la piscina se movía y se vaciaba de agua hasta quedar en el nivel de la superficie. Allí los ayudantes del gimnasio ponían las bicicletas en las que haríamos tanto ejercicio y que terminaría en nuestros sudores mezclados con el agua clorificada (porque yo sudo mucho, así que si soy yo más otros, un rico caldo de transpiración bien salada). Luego de ello suena una alarma y la piscina vuelve a llenarse de agua, el fondo bajando centímetro a centímetro y veo como las bicicletas bajan dignamente y quedan sumergidas a 1.25 metros. Luego comienza la clase.
No quiero entrar en detalles sobre dicha clase para no aburrirlos, pero fue un buen momento de ejercicio que liberó muchas endorfinas. ¿Cómo lo supe? Posterior a la ducha y en camino a casa de mi amiga Clara para ir a por cervezas con nuestro grupo de amigos de la oficina (actividad sagrada de los miércoles sólo interrumpida por momentos de estrés o viajes), iba yo muy contenta y sonriente. Sonriente, cosa rara en este país de reacciones pasivo-agresivas, y también tal vez en mi persona, porque por lo general soy bastante Radiohead para mis cosas. Pero gozaba las endorfinas y cruzaba el gran y hermoso parque de los Meadows en camino a la casa de mi amiga Clara.
Me había puesto a pensar qué le diría a la gente si les dijese lo primero que me pasa por la cabeza. Dado mi estado de sopor endocrinal y felicidad inducida por la actividad física, pensaba en decirles cosas positivas. Como por ejemplo, al tipo que caminaba rápido y con pasos certeros: "Señor, usted da pasos muy largos, me parece muy bien, siga así" Evidentemente con mi metro sesenta yo jamás habría podido seguirle el paso pero se veía muy seguro en su actividad. Luego de él seguí tal vez sonriendo como "caminante no hay camino, se hace camino al andar" aunque yo seguía un camino bien delimitado y tenía bien claro donde iba, pero había un aire hippie en todo lo que hacía, dada la suspensión de mi actitud crítica permanente. Iba como aceptando la realidad y sonriéndole.
En un momento de la caminata, a un par de metros de donde salgo del camino delimitado y cruzo una calle para volver a la urbe de Edimburgo, se me acerca un niño, de unos once años (soy pésima con la edad de los críos, pero según yo tenía once) y me dice "Disculpe", el niño usaba frenos, era bien moreno e iba junto a un montón de mocosos de su edad, vistiendo uniforme escolar. "Sí", le respondí. "¿Puedes darme un abrazo?" pregunta el mocito. Yo, entre que estaba drogada de gimnasio y ante la extrañeza le dije, "Perdón, ¿qué?". El niño insiste: "¿Puedes darme un abrazo?, tú sabes! y gesticula un abrazo en el aire. Le dije que sí, claro. Así que me acerqué a abrazarlo por unos 5 segundos. Me aseguré que fuese un abrazo de verdad, bien apretado. Las niñitas que se encontraban por ahí hacian sonidos alusivos a lo tierno del escenario y decían: "ohh, que lindo". Dejé de abrazarlo y continué mi camino, con una nueva sonrisa. Con una nueva historia para mi anecdotario.
Pienso, más racionalmente, que los chicos estaban jugando "verdad o traversura" y que este pequeño desafió al grupo a que conseguía un abrazo al azar. Y azarosamente fue conmigo, que tengo un historial de azarosidades (no sé si existe esa palabra, sino la he inventado) y quizás todo se debió a la inyección de endorfinas de la clase de Hydrospin.
Pasa por la comisión y se timbra como historia válida del anecdotario personal, folio 2016. Chao.
Todos estos gestos azarosos se anotan en un cuaderno imaginario llamado El Anecdotario. Aunque quizás me convendría tener uno real, porque al parecer son cosas bastante chistosas para otras personas. Quizás tengan potencial de cuento y qué se yo. En fin, esta semana pasada me ocurrió algo que entra a los anales de la anécdota de mi vida. Por primera vez, empero, incluye a un infante.
Comenzemos ab ovo: Hace tiempo que quería ir al gimnasio a una clase de Hydrospin. Es igual al spinning pero bajo el agua. Mis ojos no podían creer tanta tecnología deportiva, cuando el fondo de la piscina se movía y se vaciaba de agua hasta quedar en el nivel de la superficie. Allí los ayudantes del gimnasio ponían las bicicletas en las que haríamos tanto ejercicio y que terminaría en nuestros sudores mezclados con el agua clorificada (porque yo sudo mucho, así que si soy yo más otros, un rico caldo de transpiración bien salada). Luego de ello suena una alarma y la piscina vuelve a llenarse de agua, el fondo bajando centímetro a centímetro y veo como las bicicletas bajan dignamente y quedan sumergidas a 1.25 metros. Luego comienza la clase.
No quiero entrar en detalles sobre dicha clase para no aburrirlos, pero fue un buen momento de ejercicio que liberó muchas endorfinas. ¿Cómo lo supe? Posterior a la ducha y en camino a casa de mi amiga Clara para ir a por cervezas con nuestro grupo de amigos de la oficina (actividad sagrada de los miércoles sólo interrumpida por momentos de estrés o viajes), iba yo muy contenta y sonriente. Sonriente, cosa rara en este país de reacciones pasivo-agresivas, y también tal vez en mi persona, porque por lo general soy bastante Radiohead para mis cosas. Pero gozaba las endorfinas y cruzaba el gran y hermoso parque de los Meadows en camino a la casa de mi amiga Clara.
Me había puesto a pensar qué le diría a la gente si les dijese lo primero que me pasa por la cabeza. Dado mi estado de sopor endocrinal y felicidad inducida por la actividad física, pensaba en decirles cosas positivas. Como por ejemplo, al tipo que caminaba rápido y con pasos certeros: "Señor, usted da pasos muy largos, me parece muy bien, siga así" Evidentemente con mi metro sesenta yo jamás habría podido seguirle el paso pero se veía muy seguro en su actividad. Luego de él seguí tal vez sonriendo como "caminante no hay camino, se hace camino al andar" aunque yo seguía un camino bien delimitado y tenía bien claro donde iba, pero había un aire hippie en todo lo que hacía, dada la suspensión de mi actitud crítica permanente. Iba como aceptando la realidad y sonriéndole.
En un momento de la caminata, a un par de metros de donde salgo del camino delimitado y cruzo una calle para volver a la urbe de Edimburgo, se me acerca un niño, de unos once años (soy pésima con la edad de los críos, pero según yo tenía once) y me dice "Disculpe", el niño usaba frenos, era bien moreno e iba junto a un montón de mocosos de su edad, vistiendo uniforme escolar. "Sí", le respondí. "¿Puedes darme un abrazo?" pregunta el mocito. Yo, entre que estaba drogada de gimnasio y ante la extrañeza le dije, "Perdón, ¿qué?". El niño insiste: "¿Puedes darme un abrazo?, tú sabes! y gesticula un abrazo en el aire. Le dije que sí, claro. Así que me acerqué a abrazarlo por unos 5 segundos. Me aseguré que fuese un abrazo de verdad, bien apretado. Las niñitas que se encontraban por ahí hacian sonidos alusivos a lo tierno del escenario y decían: "ohh, que lindo". Dejé de abrazarlo y continué mi camino, con una nueva sonrisa. Con una nueva historia para mi anecdotario.
Pienso, más racionalmente, que los chicos estaban jugando "verdad o traversura" y que este pequeño desafió al grupo a que conseguía un abrazo al azar. Y azarosamente fue conmigo, que tengo un historial de azarosidades (no sé si existe esa palabra, sino la he inventado) y quizás todo se debió a la inyección de endorfinas de la clase de Hydrospin.
Pasa por la comisión y se timbra como historia válida del anecdotario personal, folio 2016. Chao.
Wednesday, 24 February 2016
"No estoy ni ahí" como un triunfo de la derecha chilena.
En mi
estudio sobre el carácter totémico de las banderas (desde Freud, claramente) me
encontré con una canción escalofriante: “Chile eres tú”, himno del régimen de Pinochet, escrita por el otrora
miembro del movimiento surrealista Mandrágora, Braulio Arenas. Un importante
verso de ese tema es “Chile eres tú, Chile es bandera y juventud” en el cual se
establece el centro de la ideología pinochetista, esa de “borrar el pasado”, la
de la metáfora médica de que el país estaba enfermo y necesitaba un
tratamiento. Tratamiento “de shock” como lo expresase alguna vez Milton
Friedman en una carta dirigida al tirano en 1982, mientras el modelo de los
Chicago Boys se imponía con fuerza por esos años.
La mezcla
entre totalizar a la bandera como símbolo, o más lejos, como signo para los de
la semiótica, y la atracción de los jóvenes fue una prioridad para la derecha
en dictadura. Jaime Guzmán mismo tomo esa responsabilidad, a los 27 años, de
estar dentro de los cuales establecerían una nueva constitución. Desde allí, a
través de la FEUC de ese entonces, desarrollaron su proyecto despolitizador, de
carácter monolítico, que era lo que también deseaba el dictador, y lo cito: “que
la juventud chilena día a día vaya formando un solo bloque monolítico”.
La
despolitización comienza con la eliminación de toda forma que haga alegoría al
gobierno de Allende o a las ideas de izquierda. Se blanquearon paredes,
inclusive un mural del gran pintor Matta, se realizaron quemas de libros e,
igual de importante, se impuso la estética del hombre con pelo corto como
símbolo de orden y virtud. El chascas, el crespo, barbudo era demasiado
izquierdoso, hippie y pasado a marihuana como para desear la libertad individual
sin intervención del Estado. El diario El Mercurio fue, evidentemente, cómplice
inclusive en esto, viéndose en diarios de la época como felicitaban a los
buenos jóvenes que se cortaban el cabello en esta nueva moda tan limpia, tan de
un nuevo Chile.
El monolito
despolitizado fue exitoso. Más allá de lo que se imagina. Una vez “devuelta” la
democracia, en los ’90 tenemos la generación del “no estoy ni ahí”. Esa
expresión tan cotidiana encierra en su significación el triunfo de la derecha
dictatorial en el imaginario colectivo. Ese “no estoy ni ahí” es la
despolitización absoluta. Si bien Marcelo “Chino” Ríos se volvió un ícono y un
tenista grandioso, también, se podría decir, era la imagen de aquella frase. Si
Ríos se interesa en la política o “no está ni ahí” con ella no es el punto.
Pero sí que crecimos con la idea de que la política era de esos viejos, que no
era para nosotros, lo que ha provocado una apatía generacional impresionante.
Con esto no
me refiero a que se indique que la política funcione o sea respetable si
consideramos el comportamiento de sus personeros actuales--mal que mal funciona de manera monstruosa con una Constitución mientras la democracia estaba en el exilio y con engendros como el Tribunal Constitucional. No. Pero el interés
en comprender nuestro pasado va por desafiar ese “no estoy ni ahí” pues
finalmente no es que se nos ocurra que no nos interesan ciertas cosas. Se
intentó por muchos medios concientizar e impregnar el consciente colectivo de
la idea de que la política no sirve para nada, que es cosa del pasado, que
miremos al futuro, que que pena lo de los derechos humanos pero el “gobierno
militar” era necesario, que “tenemos lo que merecemos” como gran frase
conformista. Tenemos lo que hay porque “no están ni ahí”. Y sí, va a ser
difícil sacar al país del entuerto en que se encuentra, pero los mismos que
generaron el ambiente de despolitización quisieron que así fuese. Pienso que
quienes “no están ni ahí”, inconscientemente claro, fueron fagocitados por la
supuesta no-ideología de la despolitización, pero forzar la despolitización y
fingir ser “neutral” es lo más ideológico que hay. Pero eso no le gusta a la
derecha y por eso salen con frases del bronce como “queremos hacer grande a
Chile” y tal, porque se supone que la ideología es de izquierdas solamente—pobrecitos,
pero eso lo sabemos al dejar la modorra y que no gane su supuesta no-ideología,
ojo.
Que se vote
por tal o cual—o nadie—es parte de una participación en la que tenemos que
estar, e informarnos debidamente, pues eso es lo que temen los despolitizantes
(no sé si existe esa palabra), porque al tener conciencia, al “estar ahí” es
claro que son ellos los que no tienen sentido.
Subscribe to:
Posts (Atom)