El frenesí de mi vida actual casi me hace olvidar que cumplo otro año en esta tierra. No exagero. He tenido tanto que hacer, que paré la máquina en piloto automático cuando Gordon me dijo: recuerda que hoy viajo a verte. Y por un segundo mi mente, ilusamente, pensó: ¿y por qué viene en la semana? Luego de ello me cayó la teja: cumplo años.
Había andado yo en Londres, después de una semana con incertidumbres y alegrías y tantas otras cosas. Las semanas se me escapan y a veces pienso que el tiempo corre detrás mío y cuando me alcanza no lo puedo soportar. Resulta que me había estancado con un capítulo de la tesis y me sentía fatal, pues no podía seguir arreglándolo antes de desarrollar otras ideas que irían--según creo--en mi engendro de introducción.
Mi profesora es paciente y le dije (o tuve diarrea verbal) que no podía seguir. En ese sentido uno tiene que ser honesto con sus limitaciones, que en ningún momento significan que soy menos inteligente o que no sirvo, sino que llevar mis energías hacia otro lado para volver a esto cuando ya crea que es tiempo. Más que tomarlo como una debilidad, pensar así lo veo como una forma sutil de sabiduría, pues sería más fácil sentirme como la mierda y llorar, perdiendo el tiempo, en vez de canalizar su uso de otra forma que podría de todas modas servirme para el todo de lo que estoy realizando. A veces uno no avanza nomás, por lo que hay que comenzar a buscar caminos alternativos por mientras. Así que mi profesora me escuchó y me dijo que, efectivamente, mejor hacía lo otro que estaba yo sugiriendo y que volviese al tema posteriormente. Me pareció que su venia metodológica y conceptual validaba mi interés en no seguir sufriendo por las puras y en no perder tiempo valioso--ya escribiré sobre el tiempo en otro post.
En ese marco, enseñando unas horitas a los pregrados, que son un encanto en realidad, tuve que ir a Londres. El fin de semana se me hizo cortísimo. Como me encuentro arrendando la pieza extra del departamento por Airbnb, ando entre la candidata a Doctor y la Domitila, limpiando, trapeando, etc. Preparando el lugar para los huéspedes. Es algo cansador pero lo prefiero por el momento. Entonces allí tuve que viajar a Londres el domingo por la tarde, para llegar a Kings X a las 11.20 de la noche. En ese momento iba yo dirigida a la casa de mis buenos amigos Gonzalo y Eva pues viven cerca de la Universidad de Goldsmiths, donde yo asistiría como oyente a una conferencia el día siguiente.
Me había llegado un email algunas semanas antes donde se daba a conocer un día completo de charlas sobre el Neoliberalismo desde diversas perspectivas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando encontré, dentro de los ponentes, a Alicia Salomone, una profesora que tuve en el magíster de la U de Chile. El otro ilustre era Oscar Guardiola Rivera de Birbank. Tenía que ir. Si bien conocí a Guardiola hace dos años en la feria del libro de Edimburgo y le conté lo que estaba haciendo, no pensé se acordaría de mí, por lo que decidí solamente contactar a mi profesora. Me respondió amablemente y que nos juntásemos a conversar ese día. Entonces el lunes a las 10 Am, estaba yo y Gonzalo--quien finalmente me acompañó toda la jornada gracias a su gran curiosidad académica--en Goldsmiths. Olvidé mencionar que una vez que llegué a Kings X la noche anterior, a las 11.20 de la noche, pasé a Highbury and Islington a tomar el tren (overground) que me llevaría donde mis amigos. Como yo no vivo en Londres llegué muy campante a tomar el tren, cuando un guardia me detiene y me dice ¿para dónde vas?. A Crystal Palace, le respondo. No hay trenes a esta hora, es domingo. Ah, no sabía, no soy de acá, le dije. ¿De dónde vienes? me pregunta. De Edimburgo. ¿Y qué tal es allá, muy frío? Sí, un poco pero no es para morirse, la gente es más simpática que acá. ¿Y hay trabajo? Sí, creo que sí. Nos miramos un rato con el guardia, inmigrante de raza negra que me imagino ha sido golpeado simbólica y concretamente con el brexit. Me dice luego mirando su tablet. Mira, tienes que irte en la Victoria line hasta Brixton (allí termina la línea) y desde allí tomar el bus N3. Que llegues sin novedad. Gracias, le dije. Tomé el N3 a las 12.29 de la noche. Se supone que demora media hora en llegar a destino. Como era muy tarde y no había casi un alma en las calles, el chófer "metió chala" y llegué a Crystal Palace Parade en tan sólo cinco minutos. Luego de ello llegué donde mis amigos.
Esa noche tuve problemas conciliando el sueño, pues durante el largo periplo en tren desde Edimburgo a Londres leí la noticia de la niña asesinada en Coyhaique y me sentí muy mal, por largo rato. Finalmente me dormí pasada las dos de la mañana.
Pasé el día siguiente completo aprendiendo de todos quienes exponían en esa conferencia, conocí a estudiantes chilenos en Goldsmiths, que son bastantes y me agradó la atmósfera de la universidad. Es un lugar distinto, abierto, te sientes bienvenido. Y lo mejor fue el reencuentro con la profesora Alicia, estaba muy orgullosa escuchándola hablar sobre la memoria y el neoliberalismo, escucharla hablar en un inglés muy bueno. Me di cuenta también que para ella era bueno ver una cara conocida y sentirse valorada de esa forma, si finalmente viajé para verla a ella. Lo pasamos muy buen y fue un encuentro excelente, sacamos varias ideas a flote y quién sabe quizás la tengamos por estos lados. Como yo la conocía poco, desde el magíster, me dio mucho gusto conocerla como persona. Nunca olvidaré ese día.
Cuando terminó la conferencia y luego de ir a una jornada breve de camaradería con estudiantes y ponentes de ese día, nos fuimos con la profesora en metro hacia el centro. Luego me fui a Caledonian Road a ver a mis ex-alumnos de Medicina de la Chile, Matías y Carlita. A ellos no los veía hace muchos años, tenemos mucho cariño entre nosotros y el reencuentro era anticipado por los tres. Nunca había estado en ese sector de Londres y cada vez que voy me ubico menos, pues carece de cerros que te indican para donde vas, como en mi querido Edimburgo, que los cerros me hacen recordar a Chile. Estuve con ellos largo rato conversando de tantas cosas. Al día siguiente tenía tren de vuelva a Edimburgo a las 7.30. Ellos me dijeron que era fácil, que no más de 20 minutos. La cosa es que por razones extrañas, mi teléfono no me despertó y eran las 7.05 cuando salí de la casa de estos queridos amigos. Me fui por el camino que no era y me perdí. Mi impotencia era muy grande, pues conozco Londres bastante bien, pero la falta de costumbre me jugó una mala pasada. Terminé validando mi Oyster Card a las 7.21 (esto lo supe después) y llegué a Kings X unos minutos después. Cualquier persona que ha estado en Londres sabe que para salir de Kings hacia los trenes te demoras bastante porque hay que subir escaleras mecánicas y niveles. Lo corrí todo. Iba como una loca, estaba en el tiempo justo, al borde del abismo. Cuando hube llegado a la estación para ver las pantallas que informan de la plataforma por donde salen los trenes, eran ya las 7.29 con 45 segundos. Cagué, perdí el tren. No sabía que hacer. Me enviaron a la ticket office. Tuve que esperar unos dos minutos para que me atendiesen. Next! grita una mujer con un vozarrón. Hola, le dije, mientras caían torrentes de transpiración por mi cara y casi no podía hablar por la agitación, hola, perdí el tren de las 7.30. ¿Por qué lo perdió? me pregunta. Es que me perdí, no sabía llegar a la estación. ¿Te perdiste en el metro? Nadie se pierde en el metro, estás atrasada. ¿A qué hora saliste de tu casa? Es que, a ver, le explico, salí hacia Caledonian Road, me perdí intentando llegar ahí, salí tipo 7.05 de la casa de mis amigos. A ver, me dice, dame tu tarjeta. Validaste a las 7.21. Eso es muy tarde, era obvio que perderías el tren, hay que estar con por lo menos media hora de anticipación. Sí, lo sé, le dije. No, NO SABES, por eso te ocurrió esto. El próximo sale a las ocho.... y ahí le perdí el hilo a la conversación hasta que me dice, ya, el ticket de las 8 cuesta 140 libras. Eres estudiante así que te queda por 114. Con eso se me cae el mundo, 140 era mucho, pero tampoco podía no tomarlo pues llegando a Edimburgo tenía que prepararme para hacer una clase y no existía la posibilidad de pedir un reemplazo, pues la próxima semana ya estaré ausente. Se me aceleró el corazón y la frustración me quería hacer llorar de impotencia, pues era cierto que me había perdido. Le dije, lo siento, no tengo para pagar eso, no sé que hacer. Me miró fijo--igual que el guardia de hace dos días, ella también era inmigrante africana--me puso un timbre en el pasaje y escribió a mano: 8.00 AM. Ahora ve a tomarlo y que no te pase esto más. Gracias, le dije, me fui con vergüenza, pero no dejaba de pensar en que de todos modos había algo de solidaridad en su acto y que sí, me merecía el reto, para que estamos con cosas.
Cuando iba en camino a Edimburgo me contacta una niña que quiere quedarse en la habitación que ofrezco por Airbnb, Eso significaba llegar a la casa a preparar la pieza y ordenar, y limpiar el baño. Hice todo eso y luego me fui a dar la clase de 4 a 5 que me corresponden los días martes. La clase salió muy bien y los estudiantes son estupendos, participan bastante así que la clase se hace sola. Estaba muy cansada, pero me comprometí con mi profesora a asistir a un evento que ella había organizado, un diálogo entre escritores argentinos que comenzaba a las 5. Salí corriendo de la biblioteca, porque mis clases toman lugar allí y crucé la plaza George para llegar a mi edificio. Estuve escuchando el diálogo. Después a conversar con colegas. Ir a la oficina a responder los correos que no había mirado desde el viernes o jueves anterior. Responder. Ir a casa. Pido sushi, llega Gordon. Dan las 12, me abraza y me dice feliz cumpleaños. Me duermo casi instantáneamente. Hoy, en el día en sí mismo, sólo quiero descansar. Y por eso me doy el tiempo de escribir este post. Por ahora el feliz del feliz cumpleaños está en esto, en quedarme en casa. Comí una rica pizza. En la noche veo a mis amigos a por cervezas y algo para comer. Mañana de vuelta a las clases. Un día no es más que un momento. Un instante, y creo que lo he pasado bien. Ahora voy a ver El Club de la Pelea porque la había comenzado a ver por enésima vez la semana pasada pero no la terminé de ver. En un rato me contacto con mi familia, para decir feliz cumpleaños a los otros que cumplen hoy día: a mi papá y mi hermana.