Me permito
comenzar esta breve columna reflexionando sobre los verbos intransitivos. Estos
son los cuales carecen de complemento directo, es decir, aquello que concreta y
limita el significado del verbo. Entendemos entonces que una oración transitiva
comprende aquella concretización dada por el CD para que esta tenga sentido.
Normalmente podemos descubrir el CD a través de las siguientes preguntas, ¿qué?,
¿a quién/es? Por lo tanto, una oración transitiva podría ser:
El PS ha electo
a Guillier para que sea candidato presidencial de su colectividad.
En este
caso, el CD es Guillier. El CD se vuelve el sujeto de una oración en tiempo
pasivo, ved el siguiente ejemplo:
Guiller ha
sido electo para ser el candidato de la colectividad del PS.
La
diferencia entre una oración con verbo intransitivo, es visualizada en el
siguiente ejemplo:
Ricardo
Lagos ha muerto como candidato del PS.
Aquí no
existe CD, sino un complemento circunstancial de modo, que responde a la
pregunta ¿cómo?, en lo que concierne a la acción en cuestión. En este caso la
que deviene del verbo morir.
Lo que me
interesa con todo esto es puntualizar algo que, desde mi perspectiva, es
bastante interesante. Ricardo Lagos, en la presente oración, carece de CD, es
decir, de lo que concretiza una acción en particular, lo que acompaña al verbo.
RL es el sujeto de una oración intransitiva. Es una oración, al fin y al cabo,
compromete sentido, pero es dramática si se quita su complemento
circunstancial. De hecho se puede cambiar el “como candidato del PS” a “políticamente”,
en otro ejemplo del complemento circunstancial de modo.
El
candidato Guillier, sin embargo, acá tiene valor transitivo, pues él es el CD,
el CD que, tras la coordinación del verbo, lo acerca al PS, caso que no ocurre
con RL.
Me interesa
mantener en mente estas categorizaciones gramaticales—sí, algo al azar antojadizo, puesto
que se me ha ocurrido ahora—para volver a ellas prontamente. En el caso de RL,
su caída nos recuerda del concepto de la muerte del padre. El padre de la
transición. Aylwin fue el primero por razones electorales, pero Lagos, es el grandilocuente y estadista.
Lagos se convirtió en el padre desde su subversivo dedo indicando a Pinochet.
Ese avance heroico instalaría su figura como una de respeto, sobre todo de
quienes se han opuesto al régimen.
Pareciera
que cuando RL fue presidente—bueno, y desde antes seguramente—se leyó y
memorizó “La Tercera Vía” de Anthony Giddens, tan de moda en Reino Unido
durante el gobierno Blairita—que luego dio paso al reinado de la derecha por
diez años y quién sabe cuántos más, ojo. Giddens establece un manual de medias
aguas, de cómo ser amarillos, dirían los más deslenguados, donde supuestamente
se puede lograr un equilibrio entre lo público y lo privado, siendo esta “la
tercera vía”.
De qué
forma RL y sus tecnócratas aplicaron estos preceptos:
1. El CAE: se anunció con bombos y
platillos que el estado sería garante de las deudas de los estudiantes pobres,
estos de necesitar un crédito para pagar su educación universitaria. El
problema: se financiaban carreras que no conducían a nada, en universidades
mediocremente acreditadas—creo yo, a punta de llamaditas, amiguismos et al. El
estudiante pobre, el afectado, lleno de ilusiones que la educación superior
terminaría con el flagelo de la pobreza pronto descubrió que tenía una deuda
del tamaño de una casa, y un trabajo mal pagado (probablemente en una empresa
cuyo dueño es el mismo banquero al que le debe). Entonces una idea en el que
había un “mix” entre estado y privados termina en un desastre que no mira en
pos del socialismo, evidentemente.
2. El Transantiago: era tan malo que
forzó su implementación al gobierno siguiente para que los chilenos con poca
memoria nos olvidásemos que fue él. La fuga de recursos fiscales a los
bolsillos de los operadores de buses fueron tales, que mejor ni mencionarlas.
Con ese dinero se podría fácilmente haber montado un buen sistema estatal con
un valor del pasaje que los pobres—los mismos del CAE—y otros que ni siquiera
acceden a eso, pueden pagar. Y ni RL ni sus amiguitos saben cuánto cuesta el
pasaje el día de hoy, así desconectados del populacho estos socialistas.
Existen
muchos otros ejemplos, pero estos son los más emblemáticos, y creo que ponerme
a discutir las políticas de pensiones aquí me va a hacer tener úlceras.
La idea de
la “tercera vía” no es mala, desde una perspectiva teórica, pero tal como
sucede con el libro “Capitalism and Freedom” de Milton Friedman (con el que no estoy de acuerdo), se pasan de
ingenuos. Estamos con la conciencia clara de que al gran empresariado no le
interesa mejorar el país donde invierten, pues tienen una mentalidad mezquina y
cortoplacista, donde sus ganancias son lo más más importante. Eso va en
desmedro de sus trabajadores, de sus vidas, de todo. Si les importase, esta
columna sería de otra cosa.
RL, cuando
contaba con el CD de la ex Concertación, terminó de privatizar lo poco que
quedaba en Chile—imaginativamente, parte de la tercera vía, de la tan necesaria
modernización. Tal era la necesidad que sumió a la población chilena a la
esclavitud del pago de peaje ad infinitum. Ahí
se cae el socialismo. Ahí el padre comienza a sucumbir en su base supuestamente
sólida. “Crecer con igualdad”. Es difícil olvidar ese lema de campaña, cuando
al parecer la brecha aumentó ostensiblemente durante los seis años de su
reinado. Haber quitado la firma de Pinochet en la Constitución es no más que un
simbolismo. Pese a su importancia en ese nivel, en lo concreto Chile necesitó y
necesita más. Eso lo sabemos todos.
Me parece
realmente extraño que el PS laguista sea tan obtuso para no entender que,
solamente considerando los elementos previamente mencionados, la candidatura de
RL no daba para más. Con esto no defiendo al candidato populista sin programa,
debo recalcar esto. En la última columna de Patricia Politzer en El Mostrador,
ella se muestra extrañadísima que el PS laguista cuestionase el voto secreto.
Si es la base democrática por la que se luchó tanto en los ’80, incluidos RL.
¿Querían acaso “tenerlos a todos identificados”, a aquellos que votasen por el
periodista?
El punto es
que la bajada de Lagos de la carrera presidencial no solo lo establece de
manera intransitiva gramaticalmente, en el uso del verbo en el ejemplo que previamente ilustré, sino que en términos concretos acentúa su
aislamiento y que esa naturaleza intransitiva se traspasa al conglomerado de “centro
izquierda” que es La Nueva Mayoría, la otrora Concertación. Esto es un festín
para “Chile Vamos”, otrora “Alianza por Chile”, pero creo que deben irse con
cuidado, pues su candidato estrella, el ladrón, mentiroso y evasor de
impuestos, no sube mucho en las encuestas tampoco. Estamos ante un escenario
interesante e incierto.
La muerte
del padre (RL) es crónica de la muerte de la idea de coalición en tiempos de
transición. Independiente quien sea el/la elegido/a como presidente de nuestra
nación a finales de este año, estamos atestiguando tiempos de real cambio, entre la clase política y
la gente misma. Lo que nos queda, empero, es la misma democracia pactada, no lo
olvidemos, esa transición intransitiva, sin complemento directo, sin nosotros.
A eso debemos apuntar, a una democracia nuestra, los consensos son la diatriba
que no nos permite avanzar, los consensos son la challa, el espectáculo, los
sobornos del ex yerno de Pinochet. Creo que ya no estamos para eso. Es tiempo
de ser miembros activos de una oración completa, que nos incluya, donde seamos—los
ciudadanos, el pueblo—el sujeto, la Constitución el verbo, y el predicado todo
lo demás, políticas y reformas. Basta de pactos, basta de terceras vías, pues en
Reino Unido significó la derrota de la izquierda aburguesada, porque finalmente
daba lo mismo entre ellos y la derecha, y esas vueltas de chaqueta no se
perdonan nunca.
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