Hay varios
temas en la palestra, de los cuales quisiera desarrollar algunas ideas. Pero en
el vaivén de la contingencia algunos van, otros vienen y así sucesivamente.
Primeramente
quisiera referirme a la tragedia que sufren los ecuatorianos tras su terremoto.
Cómo no saber nosotros, los chilenos, lo que se siente. Los japoneses no lo han
pasado bien tampoco, pero pareciese que están mejor preparados
tecnológicamente. En lo particular, siento aún un gran apego con ese país,
Ecuador, ya que lo conocí bastante hace casi diez años atrás y me maravillé con
su naturaleza en la costa, la sierra y la selva, y pude encariñarme con su
gente, tan amable. Espero que pasen pronto sus tribulaciones, y tal como todo
el resto de países que sufren estas tragedias, puedan levantarse con dignidad y
colaboración interna y desde otras naciones de la región latinoamericana. Uno
se define desde donde proviene. En el microcosmos de la familia, en la sociedad
nacional, en una región de países que componen también nuestra identidad.
Por sobre
todo, somos latinoamericanos, de una tierra activa no solo tectónicamente, sino
de una tierra dinámica en lo político y con una fuerza social y de trabajo
asombrosa. Enhorabuena que en el Perú los pensionados podrán terminar con el
robo de las empresas privadas de pensión y retirar más del 95% del capital
acumulado (entretanto más perdido que ganado en los vaivenes del mercado). Esta
medida es un ejemplo para entender que la desregulación y el desmantelamiento
del Estado son circunstancias que no pueden ser mantenidas en el tiempo. Eso se
tiene que aprender del país vecino. No quiero ni siquiera pensar en mis papás o
en mi misma cuando sea vieja y tenga que retirarme de un Sistema de pensiones
tan injusto y chupasangre como es la actual AFP. De seguro un número no menor
de economistas sociales, con sus PhDs terminados, podrán ser capaces de
desarrollar un Sistema que se condiga con las necesidades de las personas, su
capacidad de ahorro y los costos de vida. El Estado debe jugar un rol más activo
en un montón de aristas que se considerarían a la hora de planificar una salida
a las AFP, que, por su inicio no tienen ninguna buena vibra. Sistema impuesto a
través de un régimen que callaba a la gente a balazos. Ojalá se llegue, y
pronto, a una iniciativa alternativa a lo que existe, o directamente copiar el
ejemplo peruano—ay como les duele a los que creen que somos jaguares.
Como opinión
general, sin tener los detalles de la
circunstancia, pienso que es peligroso lo que ocurre en Brasil. Más allá de mi opinión
sobre Dilma. De hecho no conozco mucho sobre la política brasileña más que
algún par de titulares, que deben ser dirigidos de alguna forma para imprimir
una opinión ajena en mi cerebro. Dejando todo ello de lado me voy a lo
simbólico. ¿No es lo que ocurre una señal del fin de la democracia tal como la
conocemos? Es cierto, la corrupción debe perseguirse, pero de seguro no es solo
la presidenta. Pero a ella hay que crucificarla, que haya escándalo. Insisto,
no sé los detalles, pero me da la idea de un circo romano y que la voluntad
popular que la eligió no vale nada, pues es el senado que quiere echarla.
Bueno, los poderes del estado se supone operan separados, para casos como
estos. Pero me llama mucho la atención este momento, esta coyuntura, pues es
una señal terrorífica: se puede anular/echar a un presidente. Como no sé
detalles, ignoro cuánto tiempo más Dilma estaría en el poder, y sí,
efectivamente se vio muy feo cuando quiso dar un ministerio a su patriarca,
Lula, mientras era investigado. Feo. Pero la organización de la elite política
(y económica) para sacarla es algo macabra. Otros genios podrían pensar en
tomar medidas parecidas si las autoridades no hacen lo que ellos quieren. Eso
suena como una sugerencia muy cercana, como la compra de voluntades políticas a
través de boletas falsas. Simbólicamente, si se logra sacar a Dilma, muere la
democracia por estos lares del mundo. Esa es mi opinión e, insisto, no tengo
los detalles, no los sé, pero así es como lo veo hoy en día.
Con respecto
al tema del momento: las inundaciones. Queda claro que el empresariado no tiene
ningún interés en salvaguardar el bien común, porque cualquier cosa colectiva
es rechazada. Lo colectivo no cabe en la mente del neoliberal, pues todo es “emprendimiento
individual” y si quedan cadáveres en el camino, son gajes del oficio. Que la
empresa involucrada en una nueva autopista para los ricos no hiciera caso a las
recomendaciones del gobierno, deja en claro que no asumen a las autoridades
como tales y que desean actuar a como les dicte su conciencia, no la ley, ni siquiera
el sentido común. Mi reflexión es la siguiente: es tal la autoridad del
empresariado sobre el gobierno que este último “sugiere” precauciones frente al
mal clima, en vez de “exigirlas”. El intendente Orrego se lava las manos
diciendo “les avisamos”, pero eso no es suficiente. Es lo que pasa cuando la
institucionalidad del Estado pesa menos que la voluntad del empresariado. Eso
tiene que empezar a cambiar. El otro tema es aguas andinas y otras empresas de
agua. Hacen lo imposible por reventarte las webas cuando te atrasas un día en
pagarles, pero no invierten en planes de contingencia mínimos para asegurarle,
a sus clientes, un servicio de calidad como se supone que es lo que la gente está
pagando. Se supondría que el mercado aseguraría niveles de calidad en los
productos, incluso que el agua es un bien de consumo, privado—cosa que nadie
entiende, pues no debiese ser así, gracias Pinoshit y ConcertaSound—por lo que
bajo ese prisma quienes consumen esa agua no son sujetos ni ciudadanos sino
CLIENTES, consumidores que debiesen, por lo menos, ser indemnizados. En estos
momentos otros emprendedores como le gustaba decir a Piraña—una palabra que detesto
con mi alma—pasan pellejerías porque otros emprendedores más grandes (esos que
se jactan de dar “trabajo”) no hicieron lo mínimo que tenían que hacer porque,
básicamente, no les interesa ni tienen la mínima intención. Lo mismo va para
Alto Maipo, de lo que no me referiré. Ni tampoco del “emprendedor” Paulmann,
con sus wellington, sacando el agua de su jumbito fálico porque quería el lugar
“tikitaka” para abrir sus puertas al consumir desmesurado de agua embotellada
de Luksic y porque me imagino que alguno de sus trabajadores periféricos perdió
su casa en las inundaciones pero tenía que quedarse secando el supermercado,
porque sino le descontaban el día (me lo imagino bien patentemente, como las “giftcard”
post-terremotos y post-incendios).
Finalmente,
con algo de alegría—y de desconfianza porque, bueno, hablamos de Chile—comienza
este Proceso Constituyente del que todos podemos hacernos parte. Sería lindo
tener una mesa de conversación en Edimburgo, poder plasmar nuestros deseos de
mejorar nuestro Chile, y para ello una nueva carta magna es fundamental. Sin
miedos, por lo menos se ha instalado de manera definitiva que la Constitución
del 80 no es modificable, sino que tiene que ser derogada y, en su lugar, tener
una que nos defienda como ciudadanos, en nuestras diversidades, culturas y
necesidades. Que Chile ofrezca espacios para todas y todos, sin importar su
renta, su raza y que el estado salvaguarde nuestros derechos, teniendo claras
nuestras responsabilidades como ciudadanos. Es nuestra responsabilidad, empero,
participar y tener conciencia de la necesidad de un proyecto COLECTIVO, porque
esa palabra falta en nuestro vocabulario. Y colectivo no significa de izquierda
necesariamente, sino en que miramos más allá de nosotros mismos, porque el país
somos todos y no puede ser que nos siga rigiendo una carta nacional escrita
durante el exilio de nuestra democracia. Basta.
PD: Pienso
que la selfie de Boric no era de oportunismo. Que el resto de los honorables
muestren cómo ayudaban al ciudadano común, si alguien los vio, ya que como no
se toman selfies no “figuran” entonces deben haber muchas personas que
recibieron ayuda oportuna de ellos.
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